www.survivaldigital.com
La sangría de la lengua
Ampliar

La sangría de la lengua

La lengua es la sangre del espíritu, afirmaba Don Miguel de Unamuno a principios del siglo pasado. En la concepción pagana, pre-cristiana, de nuestros antepasados europeos, la sangre de un gigante dio lugar a las aguas que cubrían la tierra cuando esta nació a la vida. Lengua, sangre, agua, vida. Para un cristiano, en el principio fue el verbo. La palabra como fuerza creadora.

La sangría de la lengua
Ampliar

30/DIC/2015

Es una cara de la moneda porque en la otra y con constancia propia de piedra de amolar, la palabra extraña y en lengua inglesa se siembra a diario en nuestras retinas y oídos con el propósito nefasto pero inteligente de destruir nuestra lengua. De la que nosotros hablamos; en nuestro caso, el castellano.

De la misma forma que la palabra es pensamiento que toma cuerpo al ser escrita o pronunciada, como el aliento invernal que se acomodara negro sobre blanco, esas mismas palabras pueden acabar por conformar, en un proceso inverso, nuestros propios pensamientos. ¿Acaso no podemos con una transfusión intentar compensar la pérdida de sangre que mana por la herida, aun a riesgo de introducir con ella agentes patógenos incompatibles con nuestro organismo? Pues bien, vivimos cada día en una campaña permanente de transfusiones por decreto que difícilmente puede pasarnos desapercibida. Un asalto en toda regla contra nuestro patrimonio porque también la lengua lo es y de forma principal.

Cuando correr sin llegar tarde a ningún sitio es ejercitarnos en el running, comprar a bajo precio o de ganga liviana es beneficiarnos de un low cost, figurar en una relación que sigue un orden es aparecer en el ranking y contar con un consejero, más orientado al éxito material y práctico que al educador y fortalecedor del carácter, es ser bendecidos con la ayuda, debidamente retribuida, de un coacher, algo huele mal en nuestra lengua hablada y escrita.

No hay ni secreto ni casualidad en este hedor. Ninguno de nosotros, espontánea y libremente se expresa así. La pestilencia procede de los medios escritos y de los hablados, con imagen o sin ella. El azar no existe en ellos. Todo es deliberado, pensado y sopesado . La introducción de palabras totalmente innecesarias por parte de esos medios persigue empobrecer nuestra lengua, por desplazamiento y abandono paulatino de palabras propias favoreciendo la adopción de un sucedáneo de lenguaje desligado de nuestra propia cultura. Es una forma nefasta de prepararnos para el lenguaje de la globalización, en el que no podrá reconocerse rastro alguno de ninguna lengua culta. Dejando a un lado y en este momento, la jibarización de nuestra riqueza idiomática derivada de la incomunicación digital.

Los medios privados de opinión publicada, en España, como en el resto de Europa, por no hablar de los EEUU o el mundo anglosajón, están concentrados en muy pocas manos. ¿Quién sabe, por poner un sólo ejemplo, que Antena Tres, la Sexta, Onda Cero y Europa FM, por citar una mínima parte de ese imperio empresarial, está en manos de una sola familia, en este caso alemana? Una familia que a través de su omnipresente Fundación Bertelsmann tiene entre sus objetivos prioritarios el fortalecimiento del proceso de la globalización, es decir, de la extensión al resto del mundo de las reglas y condiciones del mercado interior norteamericano, extensión que debe ir de la mano de una abolición de las diferencias culturales entre los pueblos y del fortalecimiento del llamado vínculo trasatlántico. Hablando en plata, el mantenimiento absoluto del dominio norteamericano sobre la vieja y la nueva Europa. La lengua que hay que hablar forma parte de ese dominio a mantener y la lengua que hablábamos entra dentro de las diferencias a limar. La piedra de amolar, consecuentemente, no para de girar. Igual que antes de ayer nos metieron Halloween, ayer nos inyectaron Black Friday en vena. Sin inocencia alguna. Por goleada.

El caballo de Troya de la lengua extraña y totalmente innecesaria en la forma en la que se nos impone, es el primer embate de la engañifa conducente a que aceptemos en un segundo escalón un pensamiento igualmente foráneo, utilitario, superficial, grosero y atrozmente separador en la misma medida en que la lengua común era y debiera seguir siendo un factor de cohesión de la comunidad.

Ni todavía se nos puede obligar a consumir aquello que no queremos, ni a balbucear conforme ellos quieren. Recordemos que hoy todavía nos queda la palabra y usémosla conscientemente como una forma de rebeldía frente a la imposición y como una manifestación de defensa de nuestro patrimonio.


El proceso de globalización persigue como uno de sus fines la imposición de una lengua única
Ampliar
El proceso de globalización persigue como uno de sus fines la imposición de una lengua única
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (16)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de Survival Digital

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.