www.survivaldigital.com

Turquía: la senda de las ratas

El presidente Erdogan tiene un sueño. Su sueño es la pesadilla de Siria. El presidente turco quisiera revivir la realidad de una Siria provincia del imperio otomano.

El presidente Assad saluda a dos tanquistas del ejército sirio
Ampliar
El presidente Assad saluda a dos tanquistas del ejército sirio

27/NOV/2015

De un tiempo en el que Djemal Pachá, gobernador de Siria en 1914, podía exigir de los árabes de la península arábiga que apoyaran a Estambul en aquellos primeros días de la I Guerra Mundial reclutando un ejército para reforzar a las tropas otomanas (1). Los árabes, en el cálculo turco debían ser empleados como herramienta al servicio de sus intereses. Los hubo más hábiles e Inglaterra se adelantó a los deseos del gobernador turco de Siria, prometiendo a esos mismos árabes su independencia en el caso de que apoyaran la otra causa, la del imperio británico. La meliflua historia de Lawrence de Arabia ya fue suficientemente explotada por la propaganda aliada de la Gran Guerra. Lo que vino después es bien conocido; Inglaterra no tuvo problema alguno en prometer una misma tierra a árabes y sionistas con las consecuencias que todavía hoy sufrimos y que están también en el origen de la carnicería de Siria.

Desde 2011 Erdogan intenta, al abrigo de la escenificación de la falsa primavera árabe, derribar al gobierno legítimo de Basher al Assad, para poder ver realizado su sueño. La Siria de Assad, aliada del nuevo Irak, de Irán y del movimiento de la resistencia libanesa Hezbollah es un freno a las ambiciones de Erdogan y también representa un serio problema para la entidad sionista. Tanto Turquía como Israel quisieran dinamitar ese espacio naciente. El Estado Islámico o los terroristas de Al Qaeda, inicialmente, son la herramienta útil para conseguir ese objetivo en Siria y también en Irak. El ex-Jefe de la OTAN durante la agresión a Yugoslavia, General estadounidense Wesley Clark no duda ni un momento en reconocer esta realidad en una entrevista en la CNN el pasado mes de febrero (2). Textualmente afirma: “nuestros amigos y aliados financiaron ISIS (hoy DAESH) para destruir a Hezbollah” y más adelante “nosotros creamos ese Frankestein”. Una Siria hostil a la resistencia libanesa es precisamente lo que allanaría el camino a Israel para volver a las viejas andadas en el Líbano. La destrucción del actual Estado Sirio, dique frente a las ambiciones turcas y sionistas se quiere realizar a cualquier precio. Por dos veces se ha rozado el abismo de una guerra global, añadida al abismo diario de la guerra local siria: en agosto del 2013 y en noviembre de este año 2015. En ambas, Turquía ha movido los hilos. En ambas también, Rusia ha impedido un mayor desastre. De nada de esto se informa en radios ni televisiones del sistema. La desinformación oficial es absoluta.

Agosto de 2013

La memoria es corta y quizá nos cueste ya recordar que en el año 2012, la administración Obama amenazó al gobierno sirio con “no traspasar la línea roja” en lo que los norteamericanos calificaban como represión de las protestas en su país por parte de Assad. El posible empleo de armas químicas formaba parte principal de esa línea roja. El viejo cuento de las armas de destrucción masiva de Bush hijo volvía a aparecer en boca de su sucesor y esta vez contra otro de los países integrantes del bautizado como eje del mal, principio norteamericano en política exterior del que Obama por aquel entonces no se había distanciado. El gobierno turco se frotaba las manos confiando en la ayuda del gran aliado para alcanzar sus objetivos.

Fue en ese mismo año 2012 en el que EE.UU., Turquía, Arabia Saudí y Qatar llegaron a un acuerdo para constituir una zona de exclusión aérea en el norte de Siria en la provincia de Alepo y con la finalidad de poder armar a los llamados “rebeldes moderados”. Por aquel entonces el ejército islámico todavía no daba titulares en Siria. De este acuerdo se supo por unas sesiones en el Comité de Inteligencia del Senado de los EE.UU. en enero de 2013.

En marzo de 2013 en esa misma provincia de Alepo, frontera con Turquía, los medios de comunicación europeos y norteamericanos denunciaron el empleo de armas químicas cerca de la ciudad de Alepo y en zonas controladas por fuerzas contrarias al gobierno Sirio. No hubo duda alguna en señalar al culpable: Basher al Assad. La línea roja habría sido traspasada y EE.UU. debía intervenir abiertamente. Especialmente fuerte se oía la voz del gobierno turco en ese sentido. Pese a ello y sobre el terreno, la autoría no estaba en absoluto clara y en Naciones Unidas se acordó la formación y envío a la zona de una Comisión de Investigación para averiguar lo ocurrido.

En mayo de 2013, Erdogan visita la Casa Blanca e insiste en que la línea roja ha sido traspasada y EE.UU. debe intervenir abiertamente. Obama, que intenta evitar un nuevo fiasco como el de su antecesor en Irak y el empleo entonces de falsas evidencias de la inteligencia para justificar la agresión a Irak, no se decide a dar el paso.

La cuerda debe tensarse un poco más y para ello vale la fecha del 21 de agosto de 2013, con la Comisión de Investigación de las Naciones Unidas ya aterrizada en Damasco para averiguar los ataques químicos del mes de marzo. En ese 21 de agosto, un nuevo ataque con armas químicas se realiza en Goutha, un suburbio de Damasco y nuevamente en zona con fuerte presencia de fuerzas contrarias al gobierno de Assad. En este momento, el desenlace parece inminente: EEUU, Francia y Gran Bretaña movilizan sus fuerzas y se preparan para la nueva agresión. No tuvo lugar en la forma esperada y deseada por Turquía.

Afortunadamente, expertos rusos que desde un principio asesoraban al gobierno sirio tomaron muestras del ataque en Goutha, analizándolas por sus propios medios y enviando parte de ellas a un laboratorio militar en Gran Bretaña (3). Los resultados concluían que el gas sarín empleado no podía proceder del arsenal del gobierno sirio. En primer lugar se supo en Rusia, luego en Gran Bretaña y posteriormente y a través de esta, en los EE.UU. Obama sabía que no podía cruzar la línea roja basándose, nuevamente, en una falsa acusación. El 29 de agosto, sólo ocho días después del ataque en Goutha, el parlamento de Gran Bretaña negaba a Cameron la autorización para intervenir en Siria. El rumor de la inconsistencia de las acusaciones se labraba su curso.

El ataque sólo pudo ser realizado por los propios rebeldes, que tal y como reconocen las fuentes de inteligencia norteamericanas (4), tenían capacidad técnica para ello. Pero, ¿cómo pueden llegar a ser abastecidos con los medios necesarios para ello?

La senda de las ratas

Ningún ejército puede sobrevivir sin una vía de abastecimiento. Ni los “rebeldes moderados”, ni el Estado Islámico, ni la franquicia de Al Qaeda en Siria, denominada Frente Al Nusra. La vía de abastecimiento es esa zona de exclusión aérea que en el año 2012 se acordó entre Turquía y los EE.UU., Qatar y Arabia Saudí. Con una longitud de unos cien kilómetros y unos cuarenta km de profundidad en territorio sirio, entre las poblaciones de Azaz y Jarablus, discurre junto a la frontera turca y sigue abierta hasta hoy. Por ella entró el gas sarín empleado en los ataques de 2013 y por ella entran armas y combatientes para reforzar la guerra contra Assad. Estos hechos fueron denunciados por el periodista estadounidense de investigación (¡todavía los hay!) Seymour Hersh en abril del 2014 en un artículo que no pudo ser publicado en la prensa estadounidense y fue finalmente reproducido por la London Review of Books. En él, la abierta complicidad turca en los ataques con armas químicas por parte de los opositores a Assad queda al descubierto.

La senda de las ratas no es una vía de sentido único. Por ella se entra y por ella se sale. Así por ella discurre cada día el oleoducto móvil formado por cientos y cientos de camiones cargados con petróleo que entran en suelo turco para ser vendidos allí y transportados a su comprador final. Es la acusación, bien documentada, que Putin dio a conocer delante de Erdogan y sus aliados, EE.UU., la OTAN y Arabia Saudí en la reciente reunión del G-20 en la misma Turquía (Antalya). En la distribución del petróleo ya en suelo turco estaría involucrada una compañía de transportes que tiene al hijo del presidente Erdogan como máximo representante. Esta acusación, de la que tampoco se hicieron eco los medios occidentales, no pudo quedar sin consecuencias. A los pocos días, EEUU atacó uno de esos oleoductos móviles y entonces sí, todos los medios nos lo hicieron saber. En más de un año que EE.UU. llevaba atacando presuntos objetivos del Estado Islámico en Siria, esta vía directa de financiación había pasado desapercibida a la inteligencia norteamericana.

La acusación de Putin no podía coger a nadie desprevenido, ya en la Conferencia de Valdai (Rusia), del 22 al 24 de octubre del 2014 el presidente ruso, delante de una amplia representación de la prensa internacional lanzó al aire la pregunta de porqué los EE.UU. y sus aliados no hacía nada para impedir ese tráfico ilegal de petróleo que financiaba a los terroristas. También pasó desapercibida su denuncia.

Tampoco podía dejar de tener consecuencias esta fundamentada y tremenda acusación para el señalado. Erdogan se encontraba en una situación más que comprometida. En la propia Turquía los hechos no son desconocidos. El ex Jefe de la Oficina de Inteligencia del Estado Mayor del Ejército Turco, General Ismail Hakki Pekin denunció a la Agencia rusa de noticias Sputnik el 25/11/2015 que “el tráfico de petróleo entre el Estado Islámico y Turquía podría llevar a que Rusia acusara a Turquía ante el Tribunal Penal Internacional en la Haya (5).

Añádase a la humillación infligida a Erdogan en su propia casa por parte de Putin, el hecho real sobre el terreno de que las fuerzas gubernamentales sirias, apoyadas por la aviación rusa avanzan precisamente en la provincia de Alepo y con el objetivo de cerrar esa brecha de cien kilómetros de anchura antes señalada y que acabaría por estrangular el suministro de armas del Estado Islámico y fuerzas afines, además de cortar una de sus vías de financiación. Era necesaria una nueva actuación al filo del precipicio.

El derribo del avión ruso

Cuando en 2012 un Phantom F-4 turco fue derribado por la aviación siria tras invadir el espacio aéreo de este país, Erdogan, entonces primer ministro, manifestó que “una breve violación de la frontera no puede ser motivo para un ataque” (6). Convocó a sus aliados de la OTAN e intentó hacer del derribo, a 40 km de la frontera turca y en aguas sirias, un “casus belli” para la Alianza. Nuevamente sin el éxito deseado.

A finales de noviembre, sin embargo la situación ha cambiado. Ahora una pretendida violación del espacio aéreo turco por un avión ruso, durante 17 segundos y en un trayecto de 1,15 millas (7) sí que es motivo de derribo por parte del ejército de Erdogan. El apoyo de los medios de desinformación habituales a la acción de Turquía es el esperado, al igual que el silencio que rodea las 2.244 veces que Turquía violó el espacio aéreo griego durante el pasado año 2014 (8). O las violaciones cotidianas del espacio aéreo libanés por parte de la aviación de la entidad sionista. Hay violaciones y violaciones. También en esta ocasión Turquía ha convocado a sus aliados de la OTAN.

Como en los ataques con gas sarín de 2013, Turquía ha buscado la provocación para dar lugar a una respuesta rusa que desencadene el conflicto global , única vía para intentar frenar la pérdida de la guerra sobre el terreno y el próximo cierre de la brecha por la que discurre la senda de las ratas. En 17 segundos no se puede reaccionar ante una violación del espacio aéreo salvo que se estuviera prácticamente esperando el momento propicio.

La indignación de Moscú está más que justificada si tenemos en cuenta que hace apenas unas semanas, Rusia y los EE.UU., como cabeza de la autodenominada Coalición Internacional contra el Estado Islámico, firmaron un protocolo de actuación precisamente para evitar incidentes aéreos entre aviones de ambas partes. Turquía, integrante de esa Coalición, firmó ese protocolo, pero en su actuación no se ajustó al mismo.

Sin duda los habrá reacios a dar crédito a esta narración, pero para ellos son más que recomendables las nuevas declaraciones del ex General de los EE.UU., Wesley Clark, ya con posterioridad al derribo del avión ruso, este pasado 25 de noviembre: “ISIS (DAESH) sirve a los intereses de Turquía y Arabía Saudí para contrarrestar el poder de Irán , Irak y Siria” (9). Y como decíamos más arriba, estos intereses deben ser servidos al precio que sea.

¿Y ahora?

Siria es un estado laíco, como lo era Libia en 2011, pero ambos coincidían en tener una política exterior propia que no hace seguidismo de los intereses de Estados Unidos y de su protegido en la zona, Israel. Siria, junto con el Irak posterior a Sadam Hussein, Irán y el Hezbollah libanés forman el eje de la resistencia frente a la presencia del estado sionista y su política de continuada agresión contra la población palestina. Aquí radica el origen de la voluntad de los EE.UU. y sus aliados de derribar el régimen de Basher al Assad. El gobierno turco intenta sacar provecho para su propia causa de esta voluntad geoestratégica de EE.UU. e Israel. El Estado Islámico y grupos afines son meras herramientas para alcanzar ese objetivo, herramientas capaces de dotarse de vida propia e independiente, como demuestran los atentados de Paris. Como lo fueron los muhadiyines empleados en Afganistán. Los nuevos muhadiyines en su inmensa mayoría son mercenarios, sin raíz alguna en los países en los que actúan. En el caso de Siria el porcentaje de extranjeros asciende al 70% (10), según el periodista alemán Todenhöfer que convivió durante diez días con los mercenarios del Estado Islámico en diciembre del 2014.

Poner fin a la guerra en Siria simplemente exige que se deje de alimentar la guerra contra el gobierno sirio. Para ello basta con permitir que el ejército del gobierno legal de Siria, con la ayuda de Rusia que interviene a petición de este gobierno, cierre la brecha en la provincia de Alepo. En modo alguno es necesaria la intervención de otros Estados, ni ejércitos. ¿Acaso se cree necesaria la intervención de los ejércitos más poderosos del mundo para poder derrotar a unas fuerzas que apenas superan los sesenta mil integrantes? La derrota no ha sido posible hasta ahora, no por falta de medios, sino de verdadera voluntad. Rusia está demostrando que con medios y voluntad se puede poner fin a esta guerra impuesta al pueblo sirio. Después será el propio pueblo sirio quién deberá decidir su futuro. Ni Obama, ni Hollande ni Erdogan tienen nada que decir en ello. España tampoco pese a todos los pactos antiterroristas que puedan firmarse.


(1)“Diez Años que trastornaron el Oriente Medio 1014-1923” Nadine Picaudou. Ed. Historia XXI, 1997, pg 39
(2) https://www.youtube.com/watch?v=QHLqaSZPe98
(3) London Review of Books, Vol. 36, nº 8, 17/04/2014
(4) London Review of Books, Vol. 36, nº 8, 17/04/2014
(5) Asia Times 25/11/2015
(6) alles-schallundrauch.blogspot.com 25/11/2015
(7) alles-schallundrauch.blogspot.com 25/11/2015
(8) University of Thessaly, Greece
(9) https://www.youtube.com/watch?v=Ng019XguLIg
(10) “Inside IS” Jürgen Todenhöfer. Ed. C. Bertelsmann, 2015

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (81)    No(6)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de Survival Digital

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.