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Treinta años de la tragedia de Bhopal

Un efecto derivado fue la muerte de miles de cabezas de ganado y animales de granja y la contaminación de las tierras de cultivo en amplias zonas alrededor de la planta.
Un efecto derivado fue la muerte de miles de cabezas de ganado y animales de granja y la contaminación de las tierras de cultivo en amplias zonas alrededor de la planta.
En la madrugada del 3 de diciembre de 1984, una fuga de 42 toneladas de isocianato de metilo (MIC), en una fábrica de productos químicos de la localidad india de Bhopal, propiedad de la multinacional estadounidense Union Carbide India Ltd, provocó uno de los peores desastres industriales de la historia.

Según el Gobierno indio la tragedia causó la muerte de 5.295 personas, mientras que organizaciones ciudadanas y ONG´s independientes elevaron el número de fallecidos hasta los 23.000. Otros 35.000 afectados resultaron con lesiones de gravedad y muchos más sufrieron secuelas en mayor o menor grado.

Aún hoy, 30 años después, decenas de miles de habitantes de las zonas contaminadas padecen enfermedades crónicas asociadas al escape tóxico, mientras que la segunda y tercera generación de niños nace con toda clase de alteraciones: malformaciones, ceguera, cáncer, problemas respiratorios o discapacidad física o psíquica.

Bhopal en el estado indio de Madhya Pradesh, contaba con cerca de 800.000 residentes la noche del accidente, cuando la nube letal arrasó la ciudad. Al presentar una densidad mayor que el aire, los gases de elevada toxicidad se desplazaron a ras del suelo.

Los habitantes, muchos sorprendidos mientras dormían, murieron asfixiados en cuestión de segundos o minutos. Otros fallecieron en la desbandada originada en la desesperación de la huída. Entre 6.000 y 8.000 personas perecieron en las horas siguientes o en los días posteriores, y al menos, 12.000 más por las graves secuelas origidas de forma directa por la catástrofe.

Union Carbide no informó a los responsables sanitarios de los productos que formaban la nube tóxica, por lo que los servicios médicos desconocían a que se enfrentaban y cuál era el tratamiento más correcto. La simple administración del antídoto, el tiosulfato de sodio, hubiera permitido salvar muchas vidas.

La investigación del desastre nunca llegó a esclarecer por completo sus causas, poniéndose de manifiesto diversas teorías según quien las formulase: la propia empresa, las autoridades o la justicia del país, organizaciones de derechos humanos, entidades internacionales, etc.

Sí parece claro que las fatales consecuencias del accidente fueron agravadas por una serie de factores, que van desde las carencias en el diseño de la planta, los fallos de mantenimiento y la corrosión de los equipos, hasta la deficiente formación del personal y las desacertadas decisiones operativas de los responsables de la central.

Un periodo prolongado de sequías y la competencia de otros productos hizo que cayese la demanda de pesticidas, y en consecuencia, la producción de la planta bajó a la mitad de su capacidad. La dirección puso entonces en práctica un proceso de contención del gasto, que determinó la sustitución de personal cualificado por otro más barato y sin formación, además de verse afectadas las medidas de seguridad. El cierre de la unidad de refrigeración encargada de mantener por debajo de 0ºC el tanque de almacenamiento de MIC, la del sistema de lavado de gases para la neutralización de emisiones y la antorcha para quemar posibles escapes de gas, dejaron desprotegida la planta ante situaciones como la que se manifestaría posteriormente.

La fuga se inició horas después de que un operario lavara una tubería que no había sido precintada debidamente, provocando que el agua a presión arrastrara impurezas que entraron en contacto con el gas almacenado en el tanque, generando una reacción química que provocó la rotura por sobrepresión de las válvulas de alivio y la consiguiente liberación del compuesto tóxico.

La fábrica, ahora abandonada, nunca se desmanteló por completo, quedando todavía en su interior trescientas toneladas de residuos tóxicos. Otros restos químicos vertidos en balsas mal selladas se filtraron al subsuelo envenenando las aguas subterráneas. Su consumo doméstico en los barrios más pobres de la ciudad sigue provocando efectos tóxicos entre sus habitantes.

El 7 de junio de 2010, el tribunal que juzgaba estos hechos condenó por negligencia criminal a ocho directivos de la delegación india de la empresa Union Carbide, a dos años de prisión y multa de 500.000 rupias (8.900 €), saliendo bajo fianza de forma inmediata y provocando la indignación de las víctimas.


Sevin

La planta de Bhopal producía el pesticida SEVIN, un agente plaguicida no tóxico para los humanos, de alta eficacia en el control de las plagas comunes y bajo coste de producción, que vino a sustituir a su antecesor el DDT (Dicloro Difenil Tricoloetano), cuando dejó de emplearse en la agricultura al relacionarse este compuesto con su acumulación en la cadena trófica.

Sin embargo, el peligro del SEVIN radica en su proceso de fabricación, donde se emplean sustancias extremadamente tóxicas, una de ellas el isocianato de metilo. Este componente es muy inestable e inflamable, con un punto de ebullición a 39ºC. Se descompone en fosgeno, monometilamida y ácido cianhídrico, es decir, cianuro. Por todo ello, en los países occdentales su producción y almacenamiento está muy limitado.


Treinta años de la tragedia de Bhopal
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