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El billete de 100 billones de dólares de Zimbabue se canjeará por 40 centavos de dólar de EE.UU. según el cambio oficial establecido por las autoridades financieras de país para el dinero en metálico
El billete de 100 billones de dólares de Zimbabue se canjeará por 40 centavos de dólar de EE.UU. según el cambio oficial establecido por las autoridades financieras de país para el dinero en metálico

Zimbabue dice adiós a su moneda

Robert Mugabe, presidente de la Unión Nacional Africana de Zimbabue-Frente Patriótico (ZANU-PF).
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Robert Mugabe, presidente de la Unión Nacional Africana de Zimbabue-Frente Patriótico (ZANU-PF).

El 12 de junio de 2015, el Banco Central anunciaba oficialmente la retirada de su moneda de la circulación, abriéndose un periodo de canje que finaliza el próximo 30 de septiembre.

Para el dinero depositado en bancos, cada 175 000 billones de dólares zimbabuenses se cambiarán por 5 dólares estadounidenses. El dinero en efectivo se permutará a razón de 1 dólar americano por cada 250 billones de dólares zimbabuenses.

18/JUN/2015

Para intentar comprender cómo se ha llegado a esta situación, es necesario retroceder unos años en la historia de Zimbabue.

La antigua Rodesia del Sur se declaró unilateralmente independiente del Reino Unido en 1965, pero no fue reconocida oficialmente por la antigua metrópoli y la comunidad internacional hasta 1980.

La minoría blanca, un 5% del total de la población, instauró un régimen racista basado en el apartheid sudafricano. A pesar del elevado crecimiento económico que registraba la nueva República de Rodesia, la convivencia entre los colonos, principalmente de origen británico y la mayoría negra fue degradándose de forma alarmante.

A partir de 1972 la tensión larvada desembocaría en la formación de dos grupos guerrilleros, que se correspondían con las dos principales etnias nativas, respaldados unos por China y los otros por la URSS, que llevaron al país a un conflicto armado que se saldó con la muerte de más de 15 000 personas.

En 1975 la independencia de Mozambique de la metrópoli portuguesa supuso un duro golpe para el gobierno rodesiano. Perdieron el apoyo de las autoridades de la colonia y el territorio pasó a ser la retaguardia de los grupos insurgentes que después operaban en Rodesia. Un año después, ambas facciones guerrilleras se unificaron en el Frente Patriótico (PF).

Ante esta nueva coyuntura se multiplicaron las presiones de los gobiernos británico y sudafricano. Londres buscaba una salida al enfrentamiento, que pasara por suavizar el apartheid, consintiendo un reparto gradual del poder, y de paso, relajar la tensión que el apoyo que prestaba al gobierno de Rodesia suscitaba en parte de la comunidad internacional. Por su parte, el ejecutivo racista de Pretoria temía que la toma del poder por la fuerza de la guerrilla desestabilizara la Unión Sudafricana.

A partir de 1978 las conversaciones con algunos líderes negros moderados desembocaron en unos acuerdos que incluían la celebración de un referéndum multirracial para transferir el poder a los negros. La comunidad blanca se reservaba una representación política muy superior a la que le correspondería por su porcentaje de población, además de conservar el control de la administración judicial, la policía y el ejército.

Tras las elecciones de 1979, el obispo Abel Muzorewa, del Congreso Nacional Africano Unido, se convirtió en el primer negro al frente del país. Sin embargo, este gobierno tutelado no fue reconocido por la ONU, que consideraba al Frente Patriótico como único representante del país.

Un nuevo proceso negociador auspiciado por el Reino Unido, en el que se garantizaba a la minoría blanca cierta cuota de poder legislativo y, sobre todo, el derecho a conservar las explotaciones agrarias dio paso a elecciones libres en 1980, que auparon al poder al Frente Patriótico y a su líder Robert Mugabe.

Con la nueva denominación de Zimbabue recién estrenada, el país heredaba los mejores parámetros sociales de toda África subsahariana: aceptables hospitales, una red de carreteras consolidada, el más alto grado de alfabetización y una esperanza de vida que superaba los 60 años.

Tres aspectos destacaban en la economía: una agricultura con tendencia exportadora, principalmente maíz, tabaco y soja. Unos importantes recursos naturales: oro, platino, níquel, paladio y un potencial turístico envidiable, que despertaba el interés de los occidentales: vestigios arqueológicos de culturas antiguas, magníficos parques naturales, reservas de caza y paisajes como las impresionantes cataratas Victoria.

Todo empezó a torcerse a partir 1998. La aprobación de leyes de reforma de la tierra, permitieron el expolio de las propiedades a los antiguos colonos blancos sin ningún tipo de compensación. Las granjas comerciales, que ocupaban la mitad de las tierras más productivas del país y que exportaban gran parte de su producción, fueron invadidas o repartidas entre la población negra, principalmente excombatientes de la guerra civil o seguidores del partido en el poder.

Los titulares de más de 4 000 explotaciones agrícolas de las 4 500 existentes antes del año 2000 y que conformaban el segmento más organizado y capacitado del agro, fueron expulsados de las haciendas con violencia, incluso asesinados si mostraban resistencia. La mayoría emigró para intentar rehacer sus vidas en la Unión Sudafricana primero y después de la caída del régimen segregacionista a Australia.

Pero la expropiación de los latifundios también supuso la pérdida de sus hogares para centenares de miles de jornaleros negros y de sus familias, que vivían y laboraban en ellos. De repente, se convirtieron en desplazados dentro de su propio país, que vagaban por los caminos, sin morada, trabajo o comida.

En cambio, los nuevos campesinos negros que se beneficiaron del reparto de las tierras, recibieron unas parcelas pequeñas que solo les permitían practicar una agricultura de subsistencia.

Para 2005 la paulatina destrucción de la economía tocaba de lleno a los mercadillos populares y el comercio tradicional en general. En total, cerca de tres millones de personas se vieron afectadas en mayor o menor grado por la confiscación de tierras y el socavo del tejido minorista.

El resultado era que Zimbabue pasaba de ser un país exportador de alimentos a necesitar ayuda humanitaria exterior para dar de comer a más de la mitad de sus 14,5 millones de habitantes.

En el año 2010 el índice de desarrollo humano por países, elaborado por la ONU en base a tres parámetros: longevidad, calidad de vida y nivel de educación, llegó a ser el más bajo del mundo.

En la actualidad la situación continúa en unos parámetros alarmantes. El Banco Mundial refleja que el 71% de la población vive por debajo del umbral de pobreza, y el 36% sobrevive con menos de un dólar al día. Según Unicef, anualmente mueren 39.000 niños menores de cinco años. Las causas principales hay que buscarlas en la hambruna y las enfermedades transmitidas por mosquitos, como el paludismo o malaria.

Cuando el dinero no vale ni el papel en el que está impreso

Pero aunque las cosas iban mal, aún podían empeorar. Para 2008 la economía del país adquiría tintes surrealistas. En los ocho años anteriores, el PIB per cápita había caído de 518 dólares anuales a 54. Estimaciones independientes, ya que las oficiales dejaron de realizarse por las autoridades monetarias, situaban la inflación en el 150 000% anual, debido a la emisión imparable de dinero que produjo un desbocado aumento de la hiperinflación, donde los precios aumentaban varias veces al día. De hecho, se decía que era más rentable utilizar billetes que comprar papel higiénico.

El dólar de Zimbabue cada vez menos utilizado por sus propios ciudadanos, fue relegándose en favor del dólar estadounidense, el rand sudafricano, la libra esterlina o incluso las pepitas o el polvo de oro, que mujeres y niños buscan en interminables jornadas de trabajo, en las fangosas aguas de los ríos.


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