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Paisaje para después de una crisis
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Paisaje para después de una crisis

Los países desarrollados hemos entrado en un proceso de transformación económica, social y tecnológica, comparable al experimentado durante la revolución industrial. Sin embargo, lo que a finales del siglo XVIII y comienzo del siglo XIX significaba la esperanza de un tiempo mejor y de un crecimiento sostenido del nivel de vida de amplias masas de trabajadores, eminentemente urbanas, va camino de convertirse en una etapa de desencanto.

11/ABR/2015

Existe la certidumbre de que, por primera vez desde la invención de la máquina de vapor, las nuevas tecnologías van a destruir más empleo del que conseguirán crear. Y lo más preocupante, la involución del progreso social ya ha comenzado.

El sistema productivo cada vez está más subordinado a la tecnología y es menos dependiente de la fuerza laboral. Es decir, para lograr los niveles de producción deseados, las empresas confían y seguirán haciéndolo cada vez más en la innovación y el desarrollo tecnológico en detrimento de los trabajadores.

El aumento de los beneficios empresariales ha dejado de trasladarse a los asalariados, que están y estarán sometidos de forma progresiva a un entorno de flexibilidad creciente y unos costes laborales a la baja.

Por muy inverosímil que pueda resultar, es probable que el trabajo se convierta en una suerte de subasta, donde se oferte con carácter temporal, por meses, días o incluso por horas. Sin embargo, aún en las peores circunstancias, las personas mejor formadas optarán a puestos de mayor calidad, siendo los menos capacitados los que sufrirán las condiciones más severas.

Todos aquellos que no sepan o puedan conservar sus trabajos, los que hayan sido parados de larga duración, los maltratados por la crisis o los jóvenes que se incorporen al mercado laboral, que se vayan olvidando de llegar a una edad de jubilación, cada vez más retrasada, con unas cotizaciones a los sistemas de seguridad social que les garanticen pensiones dignas. Más bien todo lo contrario, serán agraciados con subsidios o asignaciones con carácter de beneficencia.

Pero no todos saldrán perjudicados, como en todo conflicto también habrá ganadores. Los altos directivos de multinacionales y megacorporaciones, que ensancharán la brecha salarial con el resto de empleados hasta límites escandalosos. En menor medida y dependiendo de forma directa de los cargos ejecutivos, un colectivo de técnicos y profesionales de muy alta cualificación.

La crisis financiera de 2008, originada en Estados Unidos por el estallido de las hipotecas de alto riesgo, denominadas subprime, se extendió como un reguero de pólvora a los bancos europeos gracias a la exposición a los activos tóxicos, provocando la caída de la bolsa, propiciando el rescate de bancos y cajas, cuando no del sistema financiero en su totalidad, y agravando los efectos de las disfunciones estructurales propias de cada país: altos niveles de deuda pública y privada, falta de competitividad, rigidez de las estructuras laborales, burbujas inmobiliarias, etc.

El modelo de crecimiento económico previo a la crisis, soportado en gran medida en el gasto público y en el consumo de las familias apoyado en la expansión del crédito, no parece ser el recorrido que veamos en los próximos años.

El pacto fiscal europeo, que entró en vigor el 1 de enero de 2013 en la Unión Europea, excepto en el Reino Unido y la República Checa, busca incrementar la disciplina fiscal y ejercer una vigilancia más estricta de los países de la zona euro. Después de un periodo de ajuste, los gobiernos no podrán superar el 1% de déficit estructural y el 60% de deuda, en relación al PIB.

El consumo se mantendrá en unos niveles aceptables, siempre que siga soportado en el endeudamiento de los hogares, siendo la financiación comercial el mejor paliativo para contrarrestar el incremento del coste de vida y la falta de capacidad adquisitiva de sueldos y pensiones.

En España, entre los años 2007 a 2013, las rentas del trabajo prácticamente se estancaron. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el rendimiento apenas llegó al 0,50%, mientras que en ese mismo periodo, el IPC acumulaba una subida del 11,5%.

En este orden de cosas, el estado del bienestar, principalmente la educación, sanidad y dependencia, sufrirán un proceso de reformas encaminadas a la viabilidad del sistema, pero que en la práctica supondrá el recorte de las prestaciones, la entrada del sector privado en la gestión, el copago, o incluso, todo al mismo tiempo.


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