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La catástrofe de Courrières, la peor tragedia minera de Europa

La catástrofe de Courrières, la peor tragedia minera de Europa

La catástrofe de Courrières está considerado como el mayor desastre minero ocurrido en la historia de Europa. El sábado 10 de marzo 1906, en Paso de Calais al norte de Francia, a unos 40 kilómetros de Lille, 1.099 mineros fallecieron en el interior de la mina como resultado de una fortísima explosión de grisú.

Aparato respirador Guglielminetti-Drager
Aparato respirador Guglielminetti-Drager

A las seis de la mañana de ese fatídico día, 1.664 mineros trabajaban en el complejo de 110 kilómetros de galerías interconectadas entre sí, a profundidades de hasta 340 metros, ubicadas entre las localidades de Billy-Montigny, Méricourt y Sallaumines. A una primera explosión de gas, siguieron otras deflagraciones aún más devastadoras por el polvo de carbón acumulado en el suelo y las paredes de la mina.

El polémico rescate

Desde el primer momento se pusieron en marcha los mecanismos de rescate de la propia mina, en el que colaboraron numerosos voluntarios de las poblaciones más cercanas, aunque se hizo evidente que la magnitud del siniestro desbordaba, con mucho, las capacidades de salvamento.

Más de la mitad de las víctimas murieron por los efectos de la explosión, que se diseminó por la práctica totalidad de las galerías en menos de dos minutos. El resto de las víctimas fallecieron por la inhalación de gases tóxicos. Muchos de los supervivientes que consiguieron alcanzar la salida presentaban graves lesiones, por fracturas y quemaduras, además de intoxicaciones.

Aunque las tareas de rescate se prolongaron durante un mes, al tercer día, la dirección de la planta alteró el orden de prioridad de las actuaciones. Se decidió acometer trabajos para aislar y sofocar el incendio que afectaba a parte de los pozos, mediante la construcción de un muro y revertir los equipos de ventilación para extraer el humo, en lugar de proporcional aire limpio que facilitara el trabajo de las brigadas de rescate. De esta manera, se pretendía preservar los grandes depósitos de mineral del yacimiento y reanudar a la mayor brevedad la vuelta a la actividad. Por entonces, la Compañía de Minas de hulla de Courrières extraía el 7% del total de la producción francesa de carbón.

Cuatro días después del accidente, un grupo de 25 voluntarios alemanes, provistos de novedosos equipos de respiración autónoma, accedieron al interior de la mina entre el espeso humo. Su llegada estuvo rodeada de cierta hostilidad. Cabe recordar que en esos momentos existía una crisis franco-germana motivada por los intentos alemanes de interferir en el protectorado francés de Marruecos. Veinticuatro días después del incidente, rescatarían a más de 300 metros de profundidad y en completa oscuridad al último minero encontrado con vida.

De forma muy especial se recuerda a trece supervivientes que fueron encontrados después de vagar durante veinte días por los túneles. Sobrevivieron consumiendo las provisiones que iban encontrando y la carne de los caballos que se empleaban para el arrastre de las vagonetas.

Causas

Aunque las causas del siniestro nunca se concretaron con exactitud, durante un largo periodo posterior al suceso se pensó que un incendio originado días antes en una de las galerías había sido el responsable. El fuego parece que no llegó a sofocarse por completo antes de reanudarse las tareas de extracción de mineral. En todo caso, aunque no estuviera en el origen, si parece claro que ayudó a acrecentar los efectos adversos del siniestro.

La hipótesis más aceptada a día de hoy, es que una lámpara de carburo sin pantalla protectora, denominada de llama desnuda, entrara en contacto con el grisú. La sospecha de la presencia de una bolsa de este gas se había trasladado con antelación a los responsables de la compañía, pero fue ignorada.

El 13 de enero se celebró el primero de los funerales. Para prevenir enfermedades, los cuerpos rescatados, muchos de ellos sin posibilidad de ser identificados por los estragos que presentaban, fueron enterrados en la fosa común de Billy-Montigny. Una fuerte tormenta de nieve acompañó la ceremonia entre expresiones de dolor de los familiares, supervivientes y vecinos en general. Las quince mil personas congregadas en el acto, en un clima de fuerte tensión, dirigieron sus muestras de indignación contra los responsables de la explotación, que tuvieron que abandonar el funeral protegidos por las fuerzas del orden público.

Al día siguiente, los sindicatos hicieron llamamientos a la huelga, que acabaron extendiéndose por todas las cuencas mineras de Francia paralizando la producción del país. Al tiempo que los conflictos e incidentes se sucedían, el Ministro del Interior ordenaba el despliegue de más 30.000 soldados y militares para contener la situación. Las demandas del colectivo minero de una mayor seguridad en las explotaciones, así como el reconocimiento de una serie de medidas laborales y sociales originó la contratación en las minas del norte de Francia de centenares de personas procedentes de los países del Magreb, que constituía una fuerza de trabajo menos reivindicativa que la local.


Número de víctimas por edades:

De 13 a 16 años: 177 muertos

De 17 a 20 años: 220 muertos

De 21 a 25 años: 129 muertos

De 26 a 40 años: 416 muertos

De 41 a 50 años: 131muertos

Más de 51 años: 26 muertos

Total 1.099 muertos


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