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La pérdida progresiva de los bosques

La pérdida progresiva de los bosques
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Un informe publicado en septiembre de 2015 por el Instituto de Recursos Mundiales, (WRI, por sus siglas en inglés), con datos aportados por la Universidad de Maryland y la empresa tecnológica Google, evidencia que la deforestación en 2014 es la mayor registrada desde 2001.

El estudio pone de manifiesto que las zonas forestales disminuyeron en más de 18 millones de hectáreas respecto al año anterior, o lo que es lo mismo, un área dos veces el tamaño de Portugal.

Se calcula que cada año arden 350 millones de hectáreas de vegetación, aproximadamente el equivalente a la superficie de la India.
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Se calcula que cada año arden 350 millones de hectáreas de vegetación, aproximadamente el equivalente a la superficie de la India.

04/SEP/2015

Los países más afectados por la reducción de la cubierta arbórea en el periodo 2001-2014 son: Camboya (14.4%), Sierra Leona (12.6%), Madagascar (8.3%), Uruguay (8.1%), Paraguay (7.7%), Liberia (6.9%), Guinea (6.5%), Guinea Bissau (6,4%), Vietnam (6.1%) y Malasia (6.1%).

Un bosque, ¿qué es un bosque?

La superficie emergida de nuestra Tierra, desde hace muchos centenares de millones de años, ha estado cubierta por bosques allí donde se daban una mínimas condiciones climáticas para ello y se han adaptado a muy diversas condiciones de suelos, clima o altitud. Dentro de esa adaptabilidad se han dado complejas escenas de competencia entre especies. Unas especies son de más rápido establecimiento y se consideran colonizadoras en un cierto hábitat y otras necesitan más tiempo para establecerse, de forma que un bosque puede pasar por distintas etapas en su evolución natural, desde una primera fase joven hasta su fase más estable y adulta. Y todo ello en una evolución que hace frente a circunstancias extraordinarias, temporales o regionales, como inundaciones, incendios naturales u otras alteraciones.

En el último período, el Cuaternario, se han dado cíclicamente varias etapas de glaciaciones que han arrasado muchos bosques de las zonas cercanas a los polos. El Holoceno, segunda época del Cuaternario que comenzó hace unos 12.000 años y continúa en la actualidad, es el período interglaciar en el que nos encontramos ahora. En Europa, desaparecidos sus bosques norteños, fueron los remanentes que quedaron en las zonas libres de hielos los que paulatinamente colonizaron los nuevos territorios que dejaban descubiertos la glaciación en su retirada. Se estima que uno de los orígenes de esa repoblación natural europea, en el caso de los bosques de pino rodeno (Pinus pinaster), estuvo en el sur de España.

Sumémosle a esta compleja colonia de especies vegetales que forman un bosque, toda el entramado de la vida animal que tiene su lugar de vida, desarrollo y muerte en el mismo, y nos encontraremos con un panorama extraordinario y rico de relaciones entre el mundo vegetal y el animal, adaptado a unas condiciones de suelo y clima concretos que conforman una unidad de diversidad y de vida básica en nuestro planeta.

Un bosque es un conjunto de especies, evolucionado y adaptado naturalmente a un entorno y en equilibrio con el. Puedes encontrar especies arbóreas de alto porte y sotobosque, trepadoras y frutales, aromáticas y medicinales, micorrizas asociadas y hongos comestibles, zonas infranqueables, troncos caídos y grandes claros. Adentrarse en su interior es perder muchas veces los límites y las referencias, porque cuando estamos dentro sólo podemos apreciar una parte pequeña de su extensión.

Desde hace varias decenas de miles de años, con la aparición del hombre del paleolítico, y el posterior desarrollo de la agricultura y la ganadería, el panorama comenzó a cambiar porque se introdujo en el sistema una fuerza nueva de importantísimas consecuencias, la especie humana y su enorme poder de extracción de recursos. La situación y extensión de los bosques ha ido evolucionando en la misma medida que ha ido creciendo la población mundial y su capacidad tecnológica. En 2010 se estimaba que el área cubierta por bosques era de 4.000 millones hectáreas en el mundo. Cinco países acumulaban más de la mitad de todos ellos y casi 64 países no los tenían o cubrían menos del 10% de su superficie.

Todas las necesidades de espacio para los cultivos agrícolas, de pastos para el ganado, de madera para la construcción o para los barcos, de cultivo de especies leñosas exóticas, etc. se han sacado de los bosques. Es correcto que el hombre necesita espacio para alimentarse y vivir, pero ha faltado conciencia, conocimiento y respeto por encontrar un equilibrio de convivencia con el patrimonio forestal recibido.

Una gran parte de los bosques originales de España y de Europa han desaparecido. En Bélgica se estima que toda la superficie forestal actual son plantaciones artificiales. En la verde cornisa cantábrica de la península Ibérica, muchas de las formaciones forestales que se observan son plantaciones exóticas de Pino de Monterrey (Pinus radiata), Pino rodeno (Pinus pinaster) o Eucaliptus, para la corta de madera a destajo. Parecen bosques, pero no lo son. En Nueva Zelanda, paraíso ultramarino en las antípodas de Europa, se cortaron gran parte de sus bosques originales en la colonización inglesa. Ahora es fácil encontrarse grandes superficies forestales de Pino de Monterrey, especie exótica, para su corta a destajo. El aspecto de un monte cortado a destajo es desolador.

La esquilmación de bosques en Europa, sucedida en otras épocas, se ve ahora reproducida en los países emergentes y tropicales de todo el mundo. En la zona de Asia y Pacífico la FAO destaca que la deforestación ha aumentado de 0,9 millones de hectáreas al año a 1,4 millones. En África continúa la deforestación de bosques primarios, aunque se intente compensar con las replantaciones. La destrucción intencionada de la selva amazónica en Brasil y países vecinos, de las selvas de Sumatra o en África, no sólo es una pérdida irreparable de diversidad y de nuestro patrimonio mundial, sino una causa directa de contaminación de CO2 de la atmósfera. En estos casos, las razones son los intereses económicos de grandes empresas, para la plantación de cultivos extensivos de soja transgénica o de palma de aceite (uno de los menos saludables de los comestibles), con el apoyo de gobiernos corruptos. Es un panorama de desastre, lo perdido no se va a recuperar.

¿Podremos sobrevivir igualmente en un mundo con sus grandes bosques destruidos? Todo es posible con la gran adaptación del ser humano, pero lo que es seguro es que no estaremos en un mundo igual ni con los mismos recursos. Los ciudadanos de las macrourbes chinas viven en un ambiente contaminado sin ver el sol, y ahí están, pero… ¿ese es el futuro que queremos?

En Europa, sin embargo, aumenta la superficie forestal tanto por las plantaciones de finalidad productiva como por la menor presión en los bosques primarios. En España el panorama está cambiando también por el abandono del entorno rural. Antiguos bancales de montaña y tierras agrícolas abandonadas se van cubriendo de sotobosque y de los primeros árboles colonizadores, como los pinos. Las estadísticas son optimistas en este sentido. El problema es que una cosa es superficie arbolada y otra, un bosque establecido y equilibrado, para lo que precisaremos mucho tiempo. A pesar de todo no es un mal dato, va a ser difícil recuperar lo que antes había, pero al menos empieza a andar.

El sentido de lo que significa realmente un bosque no está muy extendido, de la misma manera que tampoco son grandes los medios que las administraciones públicas disponen para su promoción o cuidado. Hay muy buenos expertos y técnicos forestales, pero no siempre son los que toman decisiones. Uno de los peligros que afectan al cuidado de los bosques es el criterio intervencionista que se utiliza en algunas actuaciones forestales. Ya sea por las labores de prevención ante el peligro de incendios o por una visión urbana de los bosques, se reclama frecuentemente la limpieza de las superficies forestales, acercándolas a lo que es un parque de uso popular. Se ven los bosques como plantaciones de árboles para uso y aprovechamiento humano. La entrada de maquinaria pesada para estas labores o para la extracción de supuesta biomasa resulta muy negativa para el equilibrio de las especies del bosque.

La actuación más positiva que se ha realizado con los espacios naturales ha sido la creación de parques nacionales. En muchos de ellos se ubican bosques originales junto con entornos naturales u orografías destacables. El primero en constituirse en el mundo fue el de Yellowstone en Estados Unidos, en 1871. En España se protegió en 1918 el Parque Nacional de los Picos de Europa. A partir de estos ejemplos han surgido muchos espacios protegidos en el mundo, lo cual es un descanso importante en el estado de alarma que se puede sentir a la vista de la evolución de los recursos naturales. Hay además otras figuras de protección natural a escala regional o local que también suman. El peligro que acecha a estas figuras de protección es su concepto utilitario que precisa un equilibrio firme para compaginar protección y uso turístico. El parque más visitado en el mundo podría ser el Great Smoky Mountains, en EE.UU., con más de 10 millones de visitas al año. En la Unión Europea, el más visitado es el Parque Nacional del Teide, en las Islas Canarias, que recibe más de tres millones de visitantes. Jamás esos espacios naturales habrían recibido tantas personas si no fuera por su declaración de Parque. En muchos de estos espacios no hay más remedio que limitar la entrada o las zonas accesibles. Es lógico el interés que levantan, pero no pueden acabar por convertirse en remedos de antiguos parques zoológicos, con animales enjaulados y puestos de hamburguesas. ¿La protección crea necesariamente consumo? ¿Es ese el único destino posible para salvar los restos de nuestros bosques y espacios naturales?

El aporte de los visitantes a los bosques y parques naturales no debería ser la erosión, la basura y el deterioro. Todo ello es evitable si prima el respeto, el civismo y una buena organización. Y para ello se necesita una exquisita educación y cultura, tanto de los ciudadanos como de los gobernantes.

¿Podrán conocer nuestros descendientes algún bosque primario original?


Aunque puedan tener un aspecto parecido a los bosques, las plantaciones forestales tienen una finalidad productiva.
Aunque puedan tener un aspecto parecido a los bosques, las plantaciones forestales tienen una finalidad productiva.
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