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La Corriente del Golfo se debilita

(NOAA). Representación en colores de la variación térmica sobre la media histórica
(NOAA). Representación en colores de la variación térmica sobre la media histórica
(Argonne National Laboratory, EE.UU.). Cinta transportadora oceánica. En azul aguas frías y profundas. En rojo aguas cálidas y superficiales
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(Argonne National Laboratory, EE.UU.). Cinta transportadora oceánica. En azul aguas frías y profundas. En rojo aguas cálidas y superficiales

Las observaciones de la Agencia Nacional de Océanos y Atmósfera de EEUU (NOAA), han sembrado de inquietud a numerosos científicos estudiosos del clima. En contra de la tendencia generalizada al aumento de las temperaturas globales, el estudio muestra una burbuja de aire muy frío sobre el Atlántico Norte.

01/OCT/2015

En marzo de este mismo año, la revista Nature Climate Change publicaba una investigación en la que se planteaba la posibilidad de encontrarnos en un periodo de debilitamiento de la Corriente del Golfo, por el extraordinario aporte de agua dulce al océano procedente del derretimiento de los glaciares de Groenlandia. El gradual calentamiento de las temperaturas a escala planetaria, aquí se manifiesta con veranos de hasta 25º C.

La circulación marina global, tambien denominada Cinta Transporteadora Oceánica o Termohalina -en referencia a la temperatura y salinidad de las aguas-, comienza en el Pacífico y el Índico para dirigirse posteriormente a las zonas tropicales atlánticas, donde sigue acumulando energía en forma de calor. En el golfo de México -de donde toma el nombre de Corriente del Golfo- la enorme masa de agua cálida comienza su periplo, cruzando superficialmente el Atlántico hasta el océano Ártico, donde se precipita al fondo marino, una vez que ha terminado de enfriarse y debido a la mayor densidad que le proporciona su alta concentración en sal.

El viaje de retorno del flujo marino por las capas profundas le llevará a las proximidades de la Antártida, para continuar en dirección al Índico donde terminará aflorando e iniciando un nuevo ciclo.

La corriente procura dos beneficios esenciales para la población. Por una parte, aporta gran cantidad de nutrientes a los mares por donde discurre, favoreciendo la vida marina y en consecuencia la actividad pesquera. Pero más importante aún, las aguas cálidas que transporta la corriente, proporcionan unas condiciones climáticas que benefician la actividad humana en la fachada atlántica del norte de Europa.

Esta realidad hace que los inviernos de esta parte europea sean más benignos que en otras zonas del planeta con similares latitudes. En las islas británicas, se estima entre 5 y 10º C el aumento de temperatura que proporciona. Por esta circunstancia, en latitudes equivalentes a la de Londres, en Canadá es posible encontrarse con osos polares.

Si por el aporte de agua dulce y fría procedente de la zona ártica, se debilita u obstruye la circulación, muchos científicos alertan de efectos potencialmente devastadores, aunque eso sí, dilatados en el tiempo y con tendencia al aumento progresivo con el paso de las décadas. Estas evidencias se sustentarían en que, si la corriente transfiere a la atmósfera su energía, moldeando los patrones climáticos dentro de su rango de acción y condicionando de forma óptima el hábitat humano, su alteración obraría el efecto contrario. Nos encontraríamos por tanto con una drástica bajada de temperaturas, más acusada en invierno, con temporales extremos, aumento del nivel del mar y mareas excepcionalmente altas en las costas.

Esta modificación de temperatura sería similar a la media registrada hacia el final de la última era glacial, hace aproximadamente 20.000 años.

Y ya entrados en un círculo perverso, con el derretimiento de la capa helada que cubre buena parte de las zonas cercanas al Ártico, el proceso de aporte de agua dulce se intensificaría, por el aumento de la evaporación a la atmósfera de la humedad de la superficie oceánica deshelada, dando como resultado un mayor número de precipitaciones.

Por no querer ser alarmistas evitaremos comentar un estudio de la NASA de 2014, cuyas conclusiones indican que, de producirse un deshielo completo de la superficie de Groenlandia, el nivel del mar aumentaría en siete metros.

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