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Más de 280 desaparecidos entre las grietas del glaciar suizo de Tsanfleuron
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Más de 280 desaparecidos entre las grietas del glaciar suizo de Tsanfleuron

En julio de 2017 aparecían en el glaciar de Tsanfleuron los cuerpos momificados de dos personas que posteriormente fueron identificadas como los de un matrimonio desaparecido 75 años antes.

Más de 280 desaparecidos entre las grietas del glaciar suizo de Tsanfleuron
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07/11/2017

Un operario de la cercana estación de montaña de Glacier 3000 descubría unos extraños objetos de color oscuro que asomaban entre en el hielo a 2.615 metros de altitud. Aunque desde la distancia se asemejaban a unas piedras, al acercarse pudo comprobar que se trataba de dos cadáveres, con mochilas y otras pertenencias, que el lento avance del glaciar y un verano especialmente cálido habían dejado parcialmente descubiertos.

Marcelin y Francine Dumoulin de 40 y 37 años respectivamente vivían en la aldea de Chandolin, en el cantón suizo de Valais, junto a sus siete hijos, cinco varones y dos mujeres de edades comprendidas entre los cuatro y los once años. El padre era el zapatero del pueblo, mientras que la madre ejercía de profesora en la pequeña escuela local.

A primera hora de la mañana del 15 de agosto de 1942, el matrimonio se despedía de los niños prometiendo regresar a la mañana siguiente. Se encaminaron a las verdes praderas alpinas del macizo de Les Diablerets, donde pastaba su modesto rebaño de vacas que complementaba la economía familiar. Para llegar a esta zona tenían que atravesar el peligroso glaciar de Tsanfleuron. Unos botines con pequeños tacos de goma en las suelas les permitían progresar con relativa seguridad por el hielo. Marcelin disponía de amplia experiencia en la montaña. Francine, en cambio, era la primera vez que acompañaba a su marido en una excursión tan exigente, debido a sus continuos embarazos.

Al tener conocimiento de la desaparición del matrimonio Dumoulin, los vecinos de Chandolin organizaron grupos de búsqueda que rastrearon el glaciar y los pasos de montaña durante más de dos meses, aunque siempre con resultado negativo.

Durante las primeras semanas, los hijos de la pareja recibieron la ayuda y protección de las rudas y curtidas gentes del pueblo. Sin embargo, cuando ya parecía claro que la pareja no regresaría empezaron a maniobrar en su propio beneficio, en lugar de conseguir un arreglo honesto para los vástagos del matrimonio Dumoulin.

El cura de la comunidad fue el encargado de encontrar un remedio a la situación de los huérfanos. Fueron separados, dados en adopción e incluso vendidos a personas del pueblo o de otras localidades próximas, excepto la pequeña Marceline, de cuatro años, que fue recogida por su tía. Mientras, la casa, las vacas y las pertenencias familiares se vendieron al mejor postor. Nada del dinero recaudado fue a parar a sus legítimos descendientes.

Las nuevas familias que acogieron a los niños les obligaron desde el primer momento y sin importarles la edad a realizar todo tipo de labores, desde tareas domésticas a trabajos en el campo, ofreciéndoles a cambio una infancia y juventud de esfuerzo y privación.

Los hermanos crecieron totalmente desvinculados entre sí y convertidos en extraños, pero unidos por un designio: la necesidad de encontrar a sus padres. Con el paso de los años, el único acercamiento que mantenían se producía en la conmemoración de la desaparición. Cada 15 de agosto se reunían en el glaciar para realizar la búsqueda simbólica de sus progenitores entre los campos de hielo.

Los hermanos fueron muriendo, pero la costumbre se mantuvo viva mientras que las fuerzas les acompañaron. En la actualidad, de los siete hermanos, únicamente sobreviven las dos mujeres: Marceline, que cuenta con 79 años y Monique con 86 años, once años el día del trágico accidente.

Por eso, cuando supieron de la aparición de dos personas en el glaciar con vestimenta propia del periodo de la Segunda Guerra Mundial, enseguida tuvieron la corazonada de que se trataba de sus padres. Enviaron una desgastada foto a las autoridades para contribuir a su identificación, que quedaría confirmada con las pruebas de ADN posteriores.

La anciana Monique explicaba a los periodistas: "pasamos nuestra vida buscándolos, sin parar. Nunca creímos poder dales el funeral que merecían. Puedo decir que después de 75 años de espera, esta noticia me da una profunda sensación de calma".


En 1942, Europa se encontraba inmersa en la Segunda Guerra Mundial, aunque Suiza logró mantener la neutralidad. Sin embargo, la vida de los hijos de Marcelin y Francine Dumoulin no fue distinta en muchos aspectos de la de cientos de miles de niños huérfanos, resultado del mayor conflicto bélico que ha vivido la humanidad.


Los numerosos medios de comunicación que acudieron al cantón de Valais atraídos por una noticia de amplio contenido humano se mostraron sorprendidos cuando el portavoz de la policía Stéphane Vouardoux, manifestaba que tenían registros de unos 280 desaparecidos en el glaciar desde 1925, a los que había que sumar otros cuatro de media año tras año.

El glaciar Tsanfleuron, de apenas tres kilómetros y medio de longitud está situado en la parte inferior de la estación de esquí Glacier 3000 -solo accesible por teleférico-. Sorprende el desorbitado número de desapariciones que se producen entre sus grietas, que ni siquiera la policía es capaz de explicar de forma razonable. Como tampoco lo justifican la práctica de deportes de invierno y las negligencias o falta de experiencia de las personas que realizan actividades de montaña.

La peligrosidad de este lugar es bien conocida por los lugareños desde tiempos remotos, también el misterio que encierra. Acaso por esto, Monique cuenta como su tío, desde el pueblo y mediante unos prismáticos, observaba inquieto el recorrido del matrimonio Dumoulin la tarde de aquel día fatídico. De repente, una enorme nube negra oscurecía el glaciar...

El pueblo de Chandolin en la actualidad
El pueblo de Chandolin en la actualidad
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