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Meter a Ucrania en la OTAN, una provocación monumental

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Meter a Ucrania en la OTAN, una provocación monumental
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Robert M. Gates sirvió como alto funcionario de inteligencia y del Pentágono bajo ocho presidentes de los EEUU. Ha sido el único Secretario de Defensa que ocupó el cargo bajo un presidente demócrata, Obama, a la vez que lo ocupó bajo el anterior presidente, el republicano Bush, hijo.

23/ENE/2017

Entre sus cargos anteriores figura el de Director de la CIA, organización en la que inició su carrera como funcionario del gobierno federal. Su área de especialización dentro de la CIA, fue la de experto en todo lo relacionado con la Unión Soviética. La guerra fría fue su escuela y no puede decirse en modo alguno que haya sido ni un amigo de la difunta URSS, ni de la nueva Rusia.

En 2014, Gates publicó en los EEUU su libro de memorias “Duty” (1), en el que repasa, principalmente, su trabajo como Secretario de Defensa bajo George W. Bush y Obama. Irak y Afganistán son las dos guerras que ocupan un mayor número de páginas, pero no únicamente. Apenas hay un asunto de relevancia internacional, ocurrido entre los años 2006 y 2011 que no sea tratado en sus memorias. Con una sola excepción, la llamada operación “Plomo fundido” llevada a cabo por el ejército de Israel en la franja de Gaza entre diciembre del 2008 y enero del 2009 y que ocasionó la muerte de más de 1.400 palestinos y la destrucción de la ya depauperada infraestructura de la que es la mayor cárcel a cielo abierto del mundo (2). La ausencia probablemente no se deba a un olvido casual dado que Gates es un ardiente defensor de la entidad sionista que “siempre se siente conmovido al ver ondear juntas las barras y estrellas al lado de la bandera con la estrella de David” (3). Un toque ñoño muy del gusto de la clientela local.

Nadie espere encontrar en sus memorias un desafío al poderoso complejo militar-industrial que en su día denunciara otro presidente, D.D. Eisenhower, pero puede asegurarse que la franqueza y rotundidad de muchas de sus afirmaciones y el hecho de que procedan de alguien que conoce tan bien la cara oculta del poderío norteamericano han de sorprender a más de uno.

Como era de esperar en un ex-analista de la CIA especializado en Rusia, Gates aborda la tensión creciente entre EEUU y Rusia y lo hace a raíz de la Conferencia sobre Seguridad de Munich de febrero de 2007 en donde intervino después de una dura conferencia del presidente Putin. Gates respondió con una exposición de guante blanco y sin entrar al trapo de las acusaciones vertidas previamente por Putin. De todo ello informó al presidente Bush a su vuelta a Washington, para a continuación realizar una sorprendente declaración con todo aquello “que no le dije al presidente”. Empieza celebrando que Gorbachov accediera a una Alemania reunificada y dentro de la OTAN para añadir, sin embargo, que “actuar tan rápidamente tras el colapso de la Unión soviética para incorporar (a la OTAN, NT) a tantos de los estados anteriormente subyugados por las URSS, fue un error” (4). Considera una “provocación innecesaria” la iniciativa de EEUU de desplazar soldados a bases establecidas en Rumanía y Bulgaria. Reconoce que Rusia tenía lazos históricos duraderos con Serbia que fueron “ampliamente ignorados” y no duda en calificar de “una provocación especialmente monumental” el intento de atraer a Georgia y a Ucrania al seno de la OTAN. En definitiva, lo que no le dijo al presidente Bush, era lo que sinceramente pensaba, y esto coincidía en gran medida con el sentir y el malestar expresado por Putin.

No es la única vez en la que Gates, a lo largo del libro, reconoce su hartazgo por tener que silenciar sus verdaderos pensamientos durante sus manifestaciones oficiales. De hecho, en reiteradas ocasiones manifiesta que el cargo se le hacía insoportable y abundan las páginas en las que expone haber estado al borde de la renuncia. La última, y ya con un pie fuera del Pentágono, con motivo de la guerra de marzo de 2011 contra Libia, en la que Obama se decidió finalmente por intervenir y en la que Hillary Clinton, Francia y la Gran Bretaña, según afirma Gates (5), jugaron un papel decisivo. Gates se opuso tenazmente a la intervención en Libia y no duda en reconocer que el objetivo de la OTAN era “deshacerse de Gaddafi”. (6)

La que fue república soviética de Georgia también merece la atención de Gates dentro del conflicto con Rusia. Recordemos que cuando Georgia declaró su independencia, dos de sus provincias de mayoría rusa, Abjazia y Osetia del Sur se declararon igualmente independientes con ánimo de reintegrarse dentro de Rusia. La guerra en estas provincias se desató en 1994 y tras un alto el fuego, la tensión se mantendría hasta 2004. Para Gates, la elección de “un impetuoso y nacionalista georgiano, Saakashvili”( 7) conduciría a que por parte de Georgia se violara el status quo al que se había llegado previamente. Gates expone el argumento ruso en favor de la independencia de Abjazia y Osetia del Sur que se apoyaría en el precedente del Kosovo serbio cuya independencia sí había sido reconocida por los países occidentales (no por cierto de España y con un ojo puesto en Cataluña) que ahora se negaban a aplicar la misma medicina al caso de estas dos provincias georgianas. Y con este relato nuevamente el entonces Secretario de Defensa se desmarca del discurso oficial de la propia OTAN que es único que llega a nuestros oídos también en nuestro país.

Tal y como dije anteriormente Irak y Afganistán se llevan la mayor parte de las reflexiones de Gates. Irak, la “guerra mala” frente a Afganistán donde se libraría la “guerra buena”, en alusión a los engaños que se utilizaron para arrasar Irak en 2003, y la justicia de la intervención en Afganistán por el, pretendido, papel que este país jugó en los hechos del 11 de septiembre de 2001 al dar cobijo a Osama Bin Laden. Todo ello, evidentemente, desde la óptica de la sociedad norteamericana que Gates asume como propia y sin ocultar que él, en su día, apoyó la invasión de Irak en 2003. Pero lo más interesante y meritorio por parte de Gates es su reconocimiento de las causas profundas del fracaso de los EEUU en ambas guerras. Así, afirma con respecto a Afganistán que “a menudo faltamos al respeto a su cultura o al Islam, no sabiendo tratar a sus mayores” (8), “decidíamos qué proyectos de desarrollo apoyar, sin consultar a los afganos, y mucho menos trabajando con ellos o a través de ellos en aquello que necesitaban o querían”, “pese a todas nuestras amenazas acerca de la corrupción (en la administración afgana, NT), no tomábamos en consideración en cuanta medida nosotros estábamos contribuyendo a ella y en una escala que dejaba enana al valor del tráfico de drogas”. En definitiva y según Gates, “no teníamos ni idea de la complejidad de Afganistán, sus tribus, grupos étnicos, centros de poder, rivalidades entre provincias y localidades. De esta forma, nuestras expectativas en ambos países eran mucho más horribles de lo que creíamos y nuestros objetivos iniciales no eran realistas (…). Nuestro conocimiento y nuestra inteligencia eran totalmente inadecuadas. Entramos en ambos países sin tener en cuenta lo poco que sabíamos.” (9)

En las páginas finales de libro, Gates realiza una reflexión rotunda que bien podría ser enmarcada y que es válida para demasiados presidentes de los EEUU, sin excluir al paradójico, por sorprendente, premio Nobel de la Paz, Obama, que mantuvo dos guerras abiertas en sus dos mandatos, Irak y Afganistán, más una larga serie de guerras encubiertas, todas ellas todavía sangrantes. Robert Gates afirma:

“Los presidentes americanos, confrontados con un problema difícil en el exterior, han sido a menudo demasiado rápidos a la hora de echar mano del fusil, usando la fuerza militar, pese a todas las realidades que he descrito.” (10)

Poco puede añadirse a esta afirmación. Solo cabe desear que en Europa sepamos sacar las consecuencias y nos atrevamos a distanciarnos de un pretendido aliado que una y otra vez nos conduce a callejones sin salida, injustos, sembradores de odio y contrarios a nuestros intereses.

Carlos Feuerriegel

  • (1) “Duty” Robert M. Gates, Ed. WH Allen, 2015

  • (2) “Gaza. Una cárcel sin techo” Agustín Remesal, Ed. Los libros de la Catarata, 2008

  • (3) “Duty” pg 532

  • (4) “Duty” pg 157

  • (5) “Duty” pgs 518-519

  • (6) “Duty” pg 530

  • (7) “Duty” pgs 167 y siguientes

  • (8) “Duty” pg 359

  • (9) “Duty” pg 589

  • (10) “Duty” pg 590

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