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Guillermo Tell acierta de nuevo
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Guillermo Tell acierta de nuevo

La realidad acude a veces en sostén de las más bellas leyendas de la memoria de los pueblos, pero sólo de aquellas que poseen un anclaje firme en el carácter de las comunidades que las alimentaron.

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17/ENE/2017

Ayer fue Guillermo Tell, quien hacia el siglo XIII desafió al poder despótico del gobernador de los cantones de Schwyz y de Uri, convirtiéndose en uno de los mitos fundacionales de la Confederación Helvética (1). Hoy, ese mismo pueblo suizo y su democracia directa van a hacer posible una elección que también desafía rotundamente al orden establecido, aun cuando en este caso se trate del desorden económico vigente.

Desde hace décadas, principalmente en los países de habla alemana se difunde un discurso crítico con los fundamentos del sistema económico actual. Un discurso eminentemente didáctico que trata de explicar cuáles son las raíces profundas de las crisis económicas, de la acumulación de la riqueza en cada vez menos manos y de la destrucción de la naturaleza ocasionada por el dogma del crecimiento necesario y permanente. En Suiza este movimiento lanzó hace unos años la denominada “Vollgeld Initiative” (2) que puede traducirse, no sin dificultad, como “Iniciativa para un dinero completo”, o lo que es lo mismo, un dinero respaldado por bienes reales, asentado en el valor de la economía real de un país. Es, sin duda alguna un verdadero torpedo en la línea de flotación del turbocapitalismo que destruye la vida del planeta. Para entenderlo, primero debemos preguntarnos, ¿qué es el dinero y quién controla su producción en la actualidad?

A la primera pregunta, todos podemos responder sin más que echar mano del sentido común. El dinero es un medio de intercambio con el que acceder a bienes y servicios. No tiene sentido el dinero desvinculado de la economía real, dado que su papel es el de puente entre la producción y el consumo. Sin ambas orillas en las que apoyarse, el puente se cae. La segunda pregunta es más difícil de responder, al menos, de hacerlo correctamente.

Para hacernos una idea del grado de desconocimiento que tenemos acerca de la creación del dinero, los promotores de la “Vollgeld-Initiative” han dado a conocer una encuesta realizada entre diciembre del 2013 y enero del 2014, entre 23.000 personas de 20 países, entre ellos España. A la primera pregunta acerca del origen del dinero, sólo un 20%, valor medio para todos los países, respondió acertadamente: la banca privada. El 50% afirmaron, erróneamente, que el dinero era creado por los gobiernos o los bancos centrales, entendiendo por estos últimos a entidades públicas. En España los resultados obtenidos coinciden prácticamente con estos valores medios. “Don Dinero” sigue siendo un poderoso caballero, pero poderoso en la misma medida en que es desconocido. Incluso para los trabajadores del sector financiero, como demostraron los resultados de la encuesta (3) que puede ser consultada en la red en su totalidad.

La segunda pregunta pretendía averiguar, quién en opinión de las personas encuestadas, debería emitir el dinero en circulación. El 59%, valor medio para el conjunto de los consultados, pensaba que debía ser una responsabilidad del gobierno o los bancos centrales, si bien un 13% se inclinaba porque lo hicieran los bancos privados. En este caso, en España sí que nos desmarcábamos claramente de la media al pedir un 70% que la emisión del dinero estuviera en manos públicas y sólo un 7% defendía la emisión por la banca privada.

¿Le sorprenden las preguntas, los resultados o ambos a la vez? En nuestros países de la Unión Europea, apenas el 3% del dinero en circulación ha salido de los bancos centrales en forma de monedas o billetes. El resto es dinero bancario. Existe en nuestras cuentas bancarias pero no puede ser retirado en su totalidad y en forma física, al no estar respaldado por esas monedas o billetes. Y mejor no hagan la prueba, porque ya saben cómo acaba el ensayo. En Argentina le llaman “corralito”.

¿Cómo se crea ese dinero bancario? Lo crean los bancos privados cada vez que conceden un préstamo (4). De ahí que prácticamente todo dinero nazca con una deuda y como tal no venga al mundo con un pan bajo el brazo, sino con intereses que se deben a la entidad bancaria y cuyo importe debe obtenerse de la economía real, como un rendimiento necesario de la inversión realizada con el dinero del préstamo. Esto obliga a que la economía necesariamente tenga que crecer indefinidamente. Si dejamos de pedalear, nos caemos de la bicicleta. Las consecuencias para la vida en la tierra son el saqueo de los recursos, la explotación de todas las formas de vida. El mito del crecimiento permanente habría sido incomprensible, por indefendible, para cualquier antepasado nuestro anterior al nacimiento de la economía desvinculada de la tierra. Economía y ecología comparten la palabra “eco” de “Oikos” casa en griego, porque ambas tratan de las normas y las leyes de la vida. No, ciertamente la economía actual. Esa, de la que nos dicen que carece de alternativas.

En contra de los que suelen afirmar los defensores del papel actual de la banca privada en la economía, los bancos no prestan con una mano lo que los ahorradores les han depositado en la otra. Los bancos crean el dinero del préstamo “de la nada”. Es un puro asiento contable en el balance del banco y en el balance del deudor. Cuando el crédito se devuelve, el dinero, contablemente, se destruye. Pero no los intereses. Cierto que la alquimia crediticia tiene límites, la denominada reserva mínima y el coeficiente de solvencia, pero eso no impide que la banca privada pueda alimentar burbujas crediticias como las de la crisis que estalló en 2008 y en la que seguimos en 2017. Los estados modernos han sido desposeídos de su capacidad para regular, en aras del interés de la comunidad, el dinero en circulación. Al desvincularse el dinero existente, monedas, billetes y dinero bancario, de la economía productiva, la masa monetaria crece cada año más que el valor de lo producido, en cada país, en el mundo, dando lugar a burbujas inflacionarias, incrementos de precios hijos del exceso de dinero nacido del crédito. El aumento de los precios se producirá en bienes patrimoniales como acciones o viviendas, o se trasladará (no es el caso actualmente) a los bienes de consumo. El Estado y sus sucesivos gobiernos, teórica expresión del pueblo soberano, presencian el desbarajuste como meros convidados de piedra. Clara y llanamente. Si a ello unimos la servidumbre de la política a la economía en la actualidad, daremos sin margen de error con quién detenta el poder real en nuestras sociedades pretendidamente democráticas.

A partir de abril de este año y hasta octubre los defensores de la “Vollgeld-Iniatitive” darán a conocer sus razones por todo el territorio suizo. En febrero se espera que presenten sus argumentos ante el parlamento suizo, en una comparecencia en la que también estará el Banco Central de ese país (SNB). El referéndum podría celebrarse a finales de este año o principios del próximo. La demanda básica es que se devuelva al Banco Central suizo, una entidad pública, pero independiente del gobierno federal, la única potestad para emitir el dinero, no ya solo los billetes y monedas, como hasta ahora, sino también el dinero bancario. Los bancos dejarían de poder conceder préstamos que no estuvieran respaldados por dinero de ahorradores. El Banco Central emitiría una cantidad de dinero que estaría en relación con el valor de la producción anual de la economía suiza.

Las consecuencias de esta iniciativa, ya solo el hecho de que pueda llegar a plantearse, son enormes y su magnitud guarda una estrecha relación con el grado de desconocimiento que rodea a todo lo, someramente, expuesto en estas líneas. Hasta aquellos que dicen defender un sistema económico radicalmente diferente al actual, como por ejemplo “Podemos” en España, realizan declaraciones que demuestran un total desconocimiento de la realidad aquí tratada. Así, Pablo Iglesias, durante una visita que realizó a los EEUU, creo que en 2015, no dudó en ensalzar el papel de la Reserva Federal de los EEUU como motor del crecimiento de ese país. Sin duda que este dirigente cree que la palabra “Federal” convierte a ese banco en una entidad pública, cuando es un banco total y completamente privado que presta el dinero al Gobierno Federal estadounidense. En su descargo o para su consuelo, del Sr. Iglesias, reconozco que no está solo en su creencia pues en los EEUU, una gran parte de la población también cree que la Reserva Federal es una entidad pública. Era de esperar porque “Podemos” está con la gente. También cuando se equivoca.

Carlos Feuerriegel

  1. “Guillermo Tell” de Johann Friedrich von Schiller, Ed. Ramón Sopena

  2. “Vollgeld” de Thomas Mayer & Roman Huber, Tectum Verlag, Marburg, 2014

  3. glocalities.com/news/global-population-does-not-want-commercial-banks-to-stay-responsible-for-creating-most-of-the-money.html

  4. http://www.bankofengland.co.uk/publications/Documents/quarterlybulletin/2014/qb14q1prereleasemoneycreation.pdf#page=1

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