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La tensión en la región Asia-Pacífico anticipa la III Guerra Mundial. Parte II
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La tensión en la región Asia-Pacífico anticipa la III Guerra Mundial. Parte II

Las últimas aventuras militares estadounidenses se han caracterizado por la mala planificación, una estrategia errónea para alcanzar y consolidar los objetivos marcados y la indefinición en la resolución de los conflictos.

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31/ENE/2017

No es de extrañar, por tanto, que una parte cada vez mayor de la sociedad estadounidense manifieste su escepticismo sobre la conveniencia de desarrollar misiones en el exterior, y de seguir ejerciendo como garantía de seguridad a nivel mundial. En el horizonte se percibe una peligrosa tendencia aislacionista, inducida por la percepción de que las prioridades de la Administración son distintas de las necesidades de los ciudadanos.

El cansancio de la opinión pública, la mala planificación en política internacional o una estrategia militar equivocada, describe la pérdida progresiva del liderazgo global que viene sufriendo EEUU y que está siendo aprovechado por países como China, Rusia, Corea del Norte e Irán para actuar al margen del coloso americano. La tendencia hacia un mundo multipolar es una realidad e irá en aumento en los próximos años.

No entraremos a valorar las sinergias que de forma manifiesta se están produciendo entre estos países, y que tienen como nexo de unión la rivalidad con EEUU, aunque es evidente que son un factor añadido de inestabilidad en el ámbito geopolítico.

Un ejemplo actual de la merma del peso específico que sufre Estados Unidos lo encontramos en la guerra civil siria, donde Rusia ha asumido con decisión la iniciativa de las operaciones en beneficio de sus propios intereses, relegando a EEUU a un papel secundario, sin capacidad para modificar los acontecimientos.

La triple estrategia de Estados Unidos para contener a China

EEUU parece decidido finalmente a contrarrestar la influencia china, y en este sentido maniobra en tres aspectos fundamentales: en el campo diplomático con la búsqueda y el fortalecimiento de relaciones regionales. En el plano económico limitando el crecimiento chino y ganando cuota de mercado para sus productos. En el terreno de la seguridad, estableciendo nuevas bases militares o acondicionando algunas de las que habían caído en el letargo años atrás, posicionando en la zona modernas unidades militares y advirtiendo de la necesidad de elevar el techo de gasto en materia de defensa a las potencias regionales aliadas.

El Acuerdo de Asociación Transpacífico que excluye a China

En octubre de 2015, EEUU, Japón, Canadá, México Perú, Chile, Australia, Malasia, Singapur, Nueva Zelanda, Vietnam y Brunei sellaban el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP por sus siglas en inglés). El tratado facilita el libre comercio entre los países firmantes, reduciendo las barreras comerciales y estableciendo un marco regulatorio común.

El presidente Obama, gran impulsor de este acuerdo, expresaba la oportunidad que representa para los productos estadounidenses acceder a un mercado que encarna alrededor del 40% de la economía mundial. Pero Obama también manifestaba que el convenio responde a los desafíos del siglo XXI, y afirmaba: "no podemos dejar que países como China dicten las reglas de la economía mundial".

Sin embargo, una de las primeras medidas tomadas por la nueva administración estadounidenses es la de retirar a su país del tratado Transpacífico. El presidente Trump, defensor obstinado de políticas proteccionistas, pretende diseñar las relaciones económicas con carácter bilateral y estar dispuesto a mantener guerras comerciales, especialmente con aquéllos países que mantengan un fuerte superávit comercial con EEUU.

Los países de la región abocados a una peligrosa carrera armamentística

La consultora Ami Internacional, especializada en la industria naval militar, afirmaba recientemente que hasta el año 2032, la región de Asia-Pacífico verá incrementado el número de buques de guerra en más de 100 nuevos submarinos y 1.000 navíos de superficie, por un importe superior a los 200.000 millones de dólares.

Países como Japón, Australia, Corea del Sur y la isla de Taiwán están desarrollando costosos programas de defensa, especialmente del arma naval, lo que adelanta la pugna próxima por conseguir el control de las aguas oceánicas y la capacidad para proyectar la fuerza sobre tierra.

Japón abandona la política exterior pacifista

En 2015 se refrenda el nuevo Tratado de Cooperación y Seguridad Mutua entre EEUU y Japón. El convenio establece una serie de cambios en la doctrina de defensa japonesa, que atenúa el compromiso pacifista asumido después de su derrota en la Segunda Guerra Mundial. Las Fuerzas de Autodefensa, nombre que recibe el ejército nipón, pasan a desempeñar un papel más activo en operaciones militares en el marco de la denominada "autodefensa colectiva": acciones que, aunque no se dirijan de forma directa contra Japón, puedan involucrar a alguno de sus aliados, en clara referencia a EEUU.

Desde la llegada al poder en diciembre de 2012 del nacionalista y actual primer ministro Shinzo Abe, la nueva interpretación de la Constitución ha supuesto un fuerte incremento del gasto militar del país. La inversión en defensa para 2016 fue de 41.000 millones de dólares. En esta partida se incluye la compra de material específico para reforzar la seguridad de las islas Senkaku.

Japón quiere jugar un papel más relevante

El pasado 25 de marzo de 2015, la Fuerza Marítima de Autodefensa recibía el primer crucero portaaeronaves de los cuatro previstos. Se trata del mayor buque de guerra construido por Japón desde la Segunda Guerra Mundial. Con un desplazamiento de 27.000 toneladas y casi 250 metros de eslora, combina funciones de portaaviones ligero y buque de asalto aéreo. No se descarta que en el futuro pueda operar aviones de combate de quinta generación Lockheed Martin F-35, en su variante de aterrizaje vertical y despegue corto (STOVL).

Pero, además, la potenciación naval nipona incluye para los próximos años aumentar los submarinos, desde los 16 actuales a 22, la fabricación de destructores de escolta y de combate litoral, vehículos anfibios de desembarco e incorporar aviones no tripulados de patrulla marítima y sistemas de alerta temprana.

Por su parte, la base naval de Yokosuka, ubicada al sur de Tokio, se encuentra en pleno proceso de reorganización. Sede principal de la Séptima Flota de EEUU, recientemente ha reemplazado el portaaviones USS George Washington por el más moderno USS Ronald Reagan. En los primeros meses de 2017 se espera el despliegue adicional de tres nuevos destructores de la clase Arleigh Burke, equipados con el sofisticado sistema de combate Aegis.

Australia

Especialmente llamativo resulta el caso australiano. Aunque es la economía número 13 en la clasificación mundial por PIB nominal, el gasto en defensa presupuestado para los próximos años resulta llamativo para un país de apenas 24 millones de habitantes.

El programa de modernización de la Armada Real Australiana ejemplifica a la perfección la tendencia armamentista de la región. En mayo de 2016 firmaba el mayor contrato naval de la historia del país con la empresa pública francesa DCNS, valorado en 34.000 millones de euros.

Los doce submarinos presupuestados están basados en la clase francesa Barracuda, aunque dispondrán de propulsión mixta, eléctrica y diésel. Gracias a la transferencia de tecnología, serán construidos en Adelaida, mientras que el mantenimiento durante toda su vida operativa será realizado en territorio francés.

Los nuevos sumergibles irán reemplazando progresivamente a las seis unidades de la clase Collins que opera actualmente la Armada.

En los últimos años, la colaboración entre la Marina australiana y los astilleros españoles de Navantia ha dado como resultado la puesta en servicio de dos buques multipropósito de 231 metros de eslora y 27.000 toneladas de desplazamiento, con capacidad aérea y anfibia gracias a las seis lanchas de desembarco y su dique inundable.

A pesar de que ambos buques de asalto conservan en la proa la rampa inclinada para el despegue de aviones STOVL, no está previsto que opere con ellos. En sus distintas configuraciones puede integrar hasta 24 helicópteros y transportar una brigada de 1.200 soldados equipados con vehículos pesados y ligeros.

Recientemente, Navantia se ha adjudicado la construcción de otros dos grandes buques de aprovisionamiento y la participación en el desarrollo y realización de determinados bloques de tres sofisticados destructores clase Hobart de defensa antiaérea (AWD).

También ha sido seleccionada en la «lista corta» del Ministerio de Defensa para el diseño de la futura fragata. El programa prevé dotar a la armada con nueve unidades que se construirán en Australia durante los próximos años.

El buque Camberra navegando hacia Australia El buque Camberra transportado hacia Australia desde los astilleros de Navantia en España.

Isla de Taiwán, reivindicada por China y aliada de Estados Unidos

En junio de 2016 Taiwán anuncia un programa naval con una inversión de 14.500 millones de dólares durante los próximos 25 años. El gobierno de Taipei afrontará la renovación de su Armada con la asignación de una docena de nuevos proyectos: un buque de asalto anfibio, entre seis y ocho destructores dotados con el sistema de combate Aegis y diversos buques siembraminas y auxiliares. Estos proyectos se suman a la construcción de corbetas con capacidad misilísticas ya iniciadas en 2014.

Sin embargo, la Armada de Taiwán sigue presentando un déficit endémico en lo que se refiere al arma submarina. En la actualidad opera cuatro obsoletos sumergibles, pero sólo dispone de capacidad para desplegar dos de ellos en zona de conflicto.

La dificultad para renovar la flota de submarinos radica en la negativa de los países europeos a participar en un proyecto que pueda enemistarles con China y exponerse a sanciones económicas. Hace más de una década, EEUU se comprometió a facilitar a Taiwán hasta ocho sumergibles. El programa no llegó a ponerse en marcha por los problemas de EEUU para construir submarinos convencionales, que no operan en su armada desde hace más de cuarenta años. Más plausible resulta pensar que EEUU no quiere alterar el precario status quo que marca la relación con China respecto a Taiwán.

Esta situación de bloqueo ha llevado a las autoridades de la isla a querer desarrollar los buques con medios propios. El único país que podría prestarse a colaborar con Taiwán sería Japón, que aparenta no verse intimidado por las posibles represalias chinas.

Un radar de alerta temprana de fabricación estadounidense valorado en más de 1.000 millones de euros

Desde hace tres años, en la costa oeste de la isla de Taiwán opera uno de los radares de alerta temprana más complejo y potente del mundo. Tiene capacidad para rastrear de forma simultánea múltiples objetivos aéreos, incluido misiles balísticos con un alcance de hasta 5.000 kilómetros, y en caso de ser necesario, desplegar misiles interceptadores.

El sistema dispone de un “ojo virtual” de 240 grados, capaz de realizar el seguimiento de las aeronaves de China y Corea del Norte y recopilar la información de las maniobras y entrenamientos en vuelo.

Se especula con la posibilidad de que Taiwán transfiera a EEUU los datos e imágenes obtenidas.

Corea del Sur

El caso de Corea del Sur es particular y hay que situarlo en el contexto de la relación que mantiene con Corea del Norte y las crecientes provocaciones nucleares y balísticas que recibe de su vecino.

Desde hace más de 60 años, Estados Unidos mantiene tropas en Corea del Sur. Se estima en 30.000 soldados los activos presentes en el país, que complementan a las Fuerzas Armadas coreanas compuestas por 630.000 efectivos.

¿Por qué asistimos al auge del arma submarina?

En una guerra naval moderna, la esperanza de supervivencia de los buques de superficie se estima corta, más aún, si las primeras escaramuzas se producen sin dar tiempo a organizar los grupos de combate. El número limitado de unidades que operan en la mayoría de las armadas del mundo parte en clara desventaja, frente a las mejor dotadas –generalmente- fuerzas aéreas o la amenaza de los proyectiles guiados.

Los buques de superficie con capacidad de defensa aérea requieren de tecnología puntera y una importante inversión que oscila entre los 600 y más de 1.500 millones de euros por nave. Sin embargo, al igual que el resto de la flota, presentan el inconveniente de estar construidos con un débil blindaje que difícilmente resistirían el impacto de un misil.

Un misil antibuque todo-tiempo puede ser lanzado desde plataformas aéreas, navales o de defensa costera. Diseñados con trayectorias que mejoran su supervivencia y usando un sistema de guiado de búsqueda activa por radar, incorpora una cabeza de combate provista de más de 200 kg de explosivo de alto poder rompedor y una espoleta que retarda la detonación hasta que el proyectil haya penetrado en el interior del blanco. Y todo ello, por un coste reducido, que en el rango superior no llega a 1,5 millones de euros por unidad.


Ataque de saturación

Una táctica antigua pero temida por su efectividad en los todos los mares del mundo, consiste en lanzar un ataque a un único objetivo, combinando diferentes ángulos, sistemas y plataformas para intentar sobrecargar las defensas y contramedidas de un buque.

Un claro ejemplo de este método lo encontramos en las miles de lanchas rápidas de la Fuerza Naval del Cuerpo de los Guardianes de la Revolución Islámica de Irán (CGRI). Aunque equipadas con misiles y torpedos poco sofisticados, un asalto en “enjambres de barcos” haría vulnerables a los navíos de guerra de EEUU a su paso por las aguas del Golfo Pérsico.


La capacidad furtiva de los submarinos

Una vez eliminados destructores y fragatas, el submarino sería el encargado de ejercer el control efectivo de los océanos gracias a sus especiales características. Los innovador sistemas de propulsión independiente de aire y llevar montado sobre soportes todos los equipos capaces de generar ruido, permiten a estas naves operar en sigilo, resultando difíciles de detectar. Dotados de avanzadas contramedidas, portan un sofisticado armamento que incluye minas, torpedos, misiles antibuque, misiles de crucero de largo alcance y en algunos casos misiles balísticos de propulsión nuclear.

El elevado número de sumergibles comisionados en los últimos tiempos sugiere que los distintos países empiezan a contemplar como posible un escenario de abiertas hostilidades.

Rivalidad económica

Un dato que no pasa inadvertido a la hora de analizar la evolución de las relaciones entre los países del área Asía-Pacífico, es la rivalidad económica establecida entre ellos. Nos encontramos en la región que concentra la mayor producción económica del planeta.

En el último análisis realizado por el Fondo Monetario Internacional, según el producto interior bruto (PIB) nominal, aparecen varias potencial regionales en la parte alta de la lista.

1. Estados Unidos - 74.583.642

2. China - 11.391.619

3. Japón - 4.730.300

11. Corea del Sur - 1.404.383

12. Rusia - 1.267.754

13. Australia - 1.256.640

*En millones de dólares de EEUU

Presupuestos militares

En el último estudio publicado en agosto de 2016, el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (Sipri por sus siglas en inglés) elaboraba la clasificación de los países que más invierten en defensa. No es casualidad encontrar a Asía-Pacífico a la cabeza.

Si el nivel del gasto militar es un reflejo de la sensación de riesgo que perciben los gobiernos, parece que nos encontramos en una posición de amenaza creciente.

1. Estados Unidos – 596.000

2. China – 215.000

4. Rusia – 66.400

8. Japón – 40.900

10. Corea del Sur – 36.400

13. Australia – 23.600

* En millones de dólares de EEUU

Hasta el año 2032, más de 100 nuevos submarinos operarán en la principal área de tensión del mundo.
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Hasta el año 2032, más de 100 nuevos submarinos operarán en la principal área de tensión del mundo.
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