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Siria, los cascos blancos y las convenientes mentiras
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Siria, los cascos blancos y las sucias mentiras

Miles de kilómetros separan a los campos de Flandes de la ciudad siria de Alepo, pero en ambos escenarios se desplegaron y siguen haciéndolo algunas de las mentiras habituales procedentes de los fétidos arsenales de la propaganda de guerra.

Siria, los cascos blancos y las sucias mentiras
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02/DIC/2016

Porque no solo matan las bombas; con anterioridad a ellas hay que preparar el terreno para que el conjunto de la población llegue a odiar a un aparente enemigo muy lejano, demasiado como para poder verificar la realidad de las informaciones vertidas por la propaganda.

Apenas iniciada la carnicería general de la I Guerra Mundial, en la prensa británica se repitió una y otra vez la historia de las manos cortadas a los niños belgas por las tropas alemanas que ocupaban gran parte de ese país. A toda costa había que evitar que esos niños se convirtieran en futuros soldados belgas, según el frío cálculo que se atribuía al monstruo alemán. Después de la guerra, Arthur Ponsoby, dirigente del partido laborista y una de las principales cabezas del movimiento pacifista británico público su libro “Falsehood in Wartime” (1928), obra en la que Alemania quedaba liberada de las calumnias que sobre ella se habían vertido durante la guerra para elevar la moral de combate y el alistamiento de los británicos. No olvidemos que al iniciarse la guerra en la Gran Bretaña no existía el servicio militar obligatorio.

La II Guerra Mundial vió corregido y aumentado el empleo de los propagandistas de guerra. La nuevamente derrotada Alemania, sin embargo, esta vez no gozaría de la nobleza de un Arthur Ponsoby. Con la excepción de las matanzas en el bosque de Katyn, realizadas por los soviéticos y de las que se acusó inicialmente a los alemanes, ni una sola del amplio abanico de acusaciones realizadas por los aliados contra Alemania ha sido retirada a fecha de hoy. Setenta años después de terminada la guerra. Hasta el código penal de muchos países europeos ha debido acudir en ayuda del intento por apuntalar el armazón tambaleante de la propaganda de guerra que amenaza ruina. Hoy, caso de dudar de la verdad oficial, se puede estar rondando el delito. El ejemplo y testimonio de Arthur Ponsoby ya nos queda muy lejos en esta autoproclamada era de la información y de la libertad de expresión.

Casco Blancos en una zona arrasada por los bombardeos

La guerra impuesta en Siria es un nuevo y claro ejemplo de la falta de veracidad en la información que se nos transmite desde las diferentes televisiones, periódicos y radios. En verdad, que en esta ocasión el gobierno de Basher Al Assad tampoco debe esperar rectificación alguna por parte de los medios occidentales que dicen informarnos de lo que ocurre sobre el terreno. Comprueben ustedes mismos las veces que se nos ha informado durante este año 2016 de la destrucción del “último hospital en la sitiada” ciudad de Alepo. Por supuesto, los monstruos son en esta ocasión los pérfidos rusos que apoyan al gobierno sirio, si bien, el lenguaje es determinante y nunca se hablará de “gobierno”, sino de “régimen” o más directamente “dictadura”, con o sin calificativos. Bienvenida sea la nueva guerra fría, muy caliente en el Mediterráneo oriental y en la Ucrania, ahora adormecida hasta nueva orden.

Tanta muerte y horror en las pantallas de las televisiones acaba por anular nuestra capacidad de atención, por más que el mensaje, elemental, simple, cale, que es de lo que se trata. La crueldad de un gobierno y su apoyo ruso junto a sus otros aliados del eje del mal, Irán y Hezbolla, masacrando a unos rebeldes, moderados y ejemplares donde los haya. Sí todavía conservan cierta agudeza visual y se fijan en las imágenes que se nos sirven sobre Siria habrán notado que en la pantalla, arriba, en la esquina izquierda aparece siempre, o casi, un anagrama con un casco blanco. Es la fuente habitual de las imágenes. Los ya famosos “Cascos Blancos”, candidatos al Premio Nobel de la Paz en esta pasada edición del 2016. No pudo ser porque, ya saben, se les cruzó un colombiano.

¿Quiénes son estos “Cascos Blancos”? Evidentemente tienen su página propia en Internet y hasta un vídeo promocional de 40 minutos de duración que es distribuido por NETFLIX, la cadena de televisión por Internet más grande del mundo, con base en los EEUU y entre cuyos accionistas está la flor y nata de la finanza mundial, Goldman Sachs, George Soros y el Deutsche Bank incluidos. El video se presentó al último festival internacional de cine de Toronto. Estos rescatadores, pese a desarrollar su actividad sólo en las zonas ocupadas por los “rebeldes” y en teoría carecer de capacidad para romper el bloqueo al que se somete a esta zonas, poseen la habilidad y la posibilidad de darse a conocer en el gran mundo. Un logro que impresiona.

Los “Cascos Blancos” se presentan como una ONG independiente no vinculada a ningún Estado ni combatiente en la guerra siria. Sus integrantes son voluntarios no remunerados. Y aquí la sorpresa por sus habilidades raya ya en lo inimaginable. Sólo los EEUU, según declaraciones de Mark C. Toner, portavoz de la Subsecretaría de Diplomacia y Asuntos Públicos en fecha 27/04/2016 les han concedido una ayuda hasta ese día de veintitrés millones de dólares, lo cual no impidió que los mismos EEUU denegaran al representante de los “Cascos Blancos” Raed Saleh su entrada en el país a través del Aeropuerto de Dulles el pasado 18 de abril y precisamente cuando Saleh iba a recoger un premio que le había concedido el USAID, el departamento del gobierno norteamericano que financia a los “Cascos Blancos”. El representante de la organización de rescate se las había arreglado para poder llegar a suelo norteamericano, pero no más allá, dado que figuraba, ¡pequeño contratiempo!, en una relación de personas vinculadas a organizaciones islamistas extremistas. Los que añoren los programas de humor en la TV no se pierdan la rueda de prensa del Sr. Toner intentando salir de este insignificante mal paso del que pocos se habrán enterado.

Quizás veintitrés millones de dólares no fueran suficientes para apoyar la labor de los “Cascos Blancos”. Y por eso, hay más. El gobierno de su graciosa majestad de la Gran Bretaña, según escrito dado a conocer por el FCO (Foreign and Commonwealth Office) del 01/04/2016 les agració con otros veinte millones de libras (19,7 para ser exactos) procedentes del “Fondo para la Seguridad y Estabilidad en los Conflictos”. Una denominación sin desperdicio, genuino humor británico. Pero hay más. La tierna y benévola Holanda, según su ministro Koenders van Buitenlandse Zaken en noticia de prensa del 03/12/2015 les ha girado también la suma de cuatro millones de euros. Y más recientemente Alemania y Dinamarca han manifestado su deseo de contribuir a la causa, pero en este caso todavía no dispongo del importe del donativo.

Los “Cascos Blancos” alardean de independencia pero parecen un brazo más de la OTAN, por los padrinos, y por su colaboración con los “rebeldes moderados” que desde el principio han estado apoyados por los países que integran la Alianza Atlántica. Sin olvidarnos de Turquía.

El principal campo propagandístico en el que actúan los “Cascos Blancos” es el este de la ciudad de Alepo una ciudad en la que no hay ni rastro de esos rebeldes moderados. El propio ejército de los EEUU en una de sus reiteradas faltas de coordinación con otras declaraciones públicas de sus portavoces, manifestó a través del Coronel Steve Warren en rueda de prensa celebrada en la embajada de los EEUU en Bagdad el 01/10/2015 que “Al Nusra tiene el control de Alepo y Al Nusra no forma parte de ningún acuerdo de alto el fuego (con Rusia)”. Como es ya sabido Al Nusra es la franquicia de Al Qaeda en Siria y ocupa la parte oriental de la ciudad desde el año 2012.

Los “Cascos Blancos” son otra manifestación más del plan de los EEUU y sus aliados, nosotros entre ellos, por rediseñar el mapa de Oriente Medio, empleando una palabra tan apreciada por los estrategas del Pentágono. En el camino, al borde ya del fracaso, por derribar al gobierno de Basher Al Assad, los “Cascos Blancos” nutren los hogares occidentales con la carga sentimental necesaria que bloquee cualquier cuestionamiento racional de los orígenes de esa guerra impuesta. Al mismo tiempo sirven para construir una tramoya de defensa civil siria que suplante a la verdadera Protección Civil siria, que sin cámaras, ni vídeos promocionales desarrolla su labor desde el inicio de la guerra en 2011. En el intento por derribar a Al Assad, EEUU y sus satélites no han dudado en volver a alimentar a un monstruo que siempre acaba cobrando vida propia, incapaz de crear nada pero sí de sembrar generosamente la muerte.

Hillary Clinton afortunadamente ya es historia, pero sus correos quedan en la red. Los publica, no ya solo Wikileaks, la mayoría, sino el propio gobierno de los EEUU, algunos. Entre ellos hay una comunicación entre Hillary y su asesor Sidney Blumenthal de 2011, al inicio de la guerra impuesta, que no tiene desperdicio. En ese intercambio de pareceres, detrás de las cortinas y las luces del escenario, Hillary manifiesta su deseo de que los problemas para al Assad sirvan para afianzar la posición de Israel en la región. Las guerras que los pueblos sufren también pueden ser muy bien recibidas por otros agentes que procuran que no les veamos sin careta. Los correos están en inglés, pero la búsqueda merece la pena.

Hoy, sin embargo, hay señales de cambio en Siria. No ya sólo el avance de las fuerzas leales al gobierno sirio sobre el terreno, sino los cambios en la presidencia de los EEUU y los previsibles cambios en la presidencia de la República en Francia. Tanto Trump como Fillon, y también Le Pen, han denunciado la hipocresía de occidente en la sucia guerra siria y manifiestan que el fin de la guerra es uno de sus objetivos prioritarios en política exterior. Ahora hace falta que no traicionen esas intenciones. Por el bien del pueblo sirio. También por el nuestro.

El presidente sirio saluda a las tropas en el frente. Junio de 2016.
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El presidente sirio saluda a las tropas en el frente. Junio de 2016.
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