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Objetivo Gaddafi. Las andanzas de Bernard Henri-Levy; un sayanim indiscreto en Libia

 Muamar el Gaddafi
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Muamar el Gaddafi

A la tercera fue la vencida. Israel y EEUU llevaban intentado derribar el régimen de Gaddafi, al menos desde 1981. El 20 de octubre de 2011, el líder libio fue finalmente capturado por las fuerzas rebeldes y ejecutado en plena calle.

28/OCT/2016

En aquella primera ocasión se recurrió a una vía indirecta, aupando al poder en el vecino Tchad a Hissan Habré, protegido de la CIA (1) y enemigo de Gaddafi. El baño de sangre colateral, y por tanto asumible, que esto supuso para el Tchad, sin duda alguna “mereció la pena”, utilizando las compasivas palabras de Madeleine Albright en referencia al medio millón de niños que morirían en Irak a consecuencia del embargo de los EEUU (2). La operación del Tchad, sin embargo, no dio los resultados esperados. Gaddafi siguió en el poder.

La segunda intentona corrió por parte del Mossad sionista. En la noche del 17 al 18 de febrero de 1986 un comando de este servicio consiguió colocar un “troyano” muy cerca del propio Gaddafi; un dispositivo que emitía comunicados cifrados elaborados por el propio Mossad, pero que llegaban a sus destinatarios como si partieran desde la propia inteligencia libia, tal y como reveló en 1994 el ex agente del Mossad, Victor Ostrovsky (3). El troyano se emplazó en una azotea a escasos metros del cuartel Bab-al-Azizia, residencia y cuartel general de Gaddafi. Durante las siguientes semanas el troyano enviaría mensajes a las embajadas de Libia en diferentes países, ordenando la realización de atentados. Al mismo tiempo, el Mossad informaba de las posibles actividades terroristas de las células libias a los servicios de inteligencia considerados amigos. Los EEUU cayeron en la trampa. Ya solo faltaba el oportuno atentado y este se produjo el 5 de abril de 1986 en la discoteca La Belle de Berlín occidental, frecuentada por norteamericanos. Uno de ellos moriría y serviría a Reagan, el entonces presidente de los EEUU, para bombardear diez días después diferentes instalaciones estratégicas libias en Trípoli y Bengasi. Entre los objetivos se encontraba el cuartel Bab-al-Azizia. Entre los numerosos civiles asesinados se encontraba la hija menor del propio Gaddafi. Si bien en esta segunda ocasión, sionistas y estadounidenses, se acercaron más a su objetivo, tampoco acertaron. Gaddafi continuaba en el poder.

La tercera es más reciente, inicios de 2011, y sus consecuencias están más que presentes, no sólo en el caos y la miseria en que ha quedado sumida la otrora rica Libia, sino también en los miles de inmigrantes africanos que partiendo de las costas libias se lanzan a la travesía del Mediterráneo con puerto de destino en las costas europeas. En esta ocasión, los sionistas sí que han conseguido su objetivo. ¿Y por qué hablar de sionistas, si en el origen de la caída de Gaddafi, según el relato oficial, están las protestas populares bautizadas como manifestaciones de la primavera árabe?

Para dar respuesta a esta pregunta nada más oportuno que el informe elaborado por el Comité de Asuntos Exteriores del Parlamento británico y que ha sido publicado el pasado 14 de septiembre (4). El contenido de sus 53 páginas es todo un tesoro informativo y esclarecedor que, creo no equivocarme, no ha recibido atención alguna de los medios oficiales de (des)información. En el Comité que elaboró el informe “Libia: Examination of intervention and collapse and the UK´s future policy options” (Libia: examen de la intervención y el colapso y futuras opciones políticas para Reino Unido), tenían mayoría los conservadores, que fueron los que impulsaron la intervención en Libia bajo el mandato de Cameron. Intervención en la que también participó, ¿cómo no?, el ejército español con algún que otro buque emplazado frente a las costas libias.

Por el Comité pasaron para testificar los más altos responsables políticos y militares de principios de 2011, cuando se tomó la decisión de intervenir, menos el propio Cameron, por oportunos problemas con la agenda. Está perdonado; la preparación del referendum del Brexit era más que absorbente. Sobrado de tiempo andaba, sin embargo, Toni Blair, anterior primer ministro, que aportó la transcripción de su conversación telefónica con Gaddafi, el día 25 de febrero, apenas un mes antes de la intervención. Transcripción memorable que deja claro que el objetivo perseguido por los devotos de la fe en la defensa de los derechos humanos, no era otro que el cambio de régimen en Libia.

De la lectura de este documento se desprende claramente que Reino Unido se sumó al entusiasmo beligerante del pequeño Napoleón de las alzas, Sarkozy, y que la iniciativa partió de París. Incluso a la hora de motivar a la Sra. Clinton, por otra parte entusiasta donde las haya de las carnicerías en tierra ajena, árabe o musulmana, a ser posible.

Conviene recordar que la intervención militar, que se apoyó en la Resolución del Consejo de Seguridad de las NNUU nº 1973, aprobada el 17 de marzo de 2011, sólo contemplaba el uso de la fuerza para proteger a los civiles libios ante el avance de las tropas del gobierno libio. Apenas dos días después de aprobarse esta resolución, con la abstención entre otros de Rusia, China y Alemania, Francia iniciaba los bombardeos, adelantándose en cuatro horas al inicio previsto de las operaciones que habían acordado los franceses con los británicos. Sarkozy sucumbió una vez más a la grandeur de la France.

De las respuestas que da ante la Comisión el entonces Jefe del Estado Mayor británico, Lord Richards of Herstmonceaux, se desprende que Gran Bretaña tenía unos planes para Libia algo diferentes a los de los franceses. Los británicos contemplaban una pausa en los ataques después de detener a Gaddafi para dar paso a una negociación política. Pero Sarkozy no pensaba ni en sueños en esa posibilidad.

En la página 11 del informe del Parlamente británico se aporta el enlace con el correo electrónico que el 2 de abril de 2011 envió Sidney Blumenthal, asesor personal , no oficial ni en nómina del Departamento de Estado, pero sí trabajando para la Fundación Clinton, a la entonces Secretaria de Estado Hillary Clinton. Este correo también ha sido publicado, junto a otros 1600 sobre Libia por el Gobierno de los EEUU y por WikiLeaks; todos ellos están accesibles en la red. En el correo se expone cuáles serían los objetivos de Sarkozy en su aventura libia:

  1. El deseo de alcanzar una mayor cuota de la producción libia de petróleo.
  2. Aumentar la influencia de Francia en el norte de África.
  3. Mejorar su posición política interna en Francia.
  4. Ofrecer al poder militar francés una oportunidad para reafirmar su posición en el mundo.
  5. Secundar la preocupación de sus asesores sobre los planes de Gaddafi a largo plazo, dirigidos a suplantar a Francia como poder hegemónico en el África francófona.

La secretaria de Estado estadounidense a su llegada a Trípoli dos días antes de la muerte de Gaddafi. La Secretaria de Estado Hillary Clinton en Trípoli dos días antes de la muerte de Gaddafi.

Hillary Clinton es informada por su asesor, que Sarkozy disponía de “un emisario ocasional, el autoproclamado intelectual Bernard Henri-Levy, considerado por aquellos que han tratado con él como una figura semiutilizable y semicómica”. Y esta figura, cumplió con su papel semicómico y semiutilizable a la perfección. En su mano quedó convencer a la población francesa de la necesidad imperiosa de la intervención humanitaria en Libia. No le faltaron corifeos a nuestro intelectual, entre las ONG de las guerras justas para apoyar las bombas que milagrosamente solo salvan vidas. Tal y como se recoge en el documento británico: “las decisiones del presidente Sarkozy y de sus asesores fueron guiadas por los exiliados libios aliados con la clase intelectual (intelectual establishment en el original) francesa, que estaba ansiosa de conseguir un cambio real en libia (...)” (5).

Al margen de su labor propagandística en los medios franceses, Henri-Levy, fue el encargado de hacer de maestro de ceremonias en el Palacio del Eliseo, el 10 de marzo (6), al presentar a Sarkozy a los dirigentes del entonces Consejo Nacional de Transición libio. Al frente de este Consejo, figuraba el “laico y no islamista” según Henri-Levy (7), Mustafa Abdel Jalil. El mismo que en octubre de 2011, proclamaría la Sharía como base de la legislación de la nueva Libia post Gaddafi. Sin duda un pequeño error de cálculo de nuestro intelectual, ¿o no?

Conseguido el derrocamiento de Gaddafi, yendo más allá de lo que permitía la Resolución 1973, según se admite en el documento del Parlamento británico y denunciado no solo por los países que inicialmente se abstuvieron en la votación, sino hasta por la propia Liga Árabe (8), que en principio apoyó la intervención armada, Bernard Henri-Levy, dio rienda suelta a su bien cultivado ego y acudió presto a la llamada de sus hermanos de fe. El 20 de noviembre de 2011 pronunció una conferencia en Paris, titulada “Tender la mano a las revueltas árabes” en la 1ª Convención Nacional organizada por el Consejo de Representación de las Organizaciones Judías de Francia (CRIF), de la cual la prensa francesa se hizo amplio eco (9).

Bernard Henri-Levy, en la confianza de encontrarse en casa, pues nuestro intelectual nació en el seno de una familia sefardí de Argelia, no pudo reprimir su orgullo de manifestar que “en mi condición de judío he participado en la aventura libia (…), por mi fidelidad al sionismo y a Israel”. Los treinta minutos de su intervención fueron recogidos en vídeo y colgados por la CRIF en su servidor. Pero sólo por unas pocas horas. El mensaje quedaba demasiado claro y no era adecuado para los castos oídos del pueblo francés. Demasiadas indiscreciones que podrían alimentar a los conspiranoicos antisionistas. Toda ponencia de Henri-Levy fue borrada al poco de publicarla e incluso la presencia de Henri-Levy en el programa de esa Conferencia desapareció en el agujero negro de la historia. Pero, como era de esperar, cosas de la red, el engaño quedó registrado y puede ser comprobado por cualquiera que se tome la molestia (10).

Difícil era por otro lado intentar maquillar los móviles de la implicación de Henri-Levy en “su aventura libia”, cuando apenas unos días antes de que impartiera su conferencia ante la CRIF había salido de la imprenta su libro “La guerre sans l´aimer” (La guerra sin amarla) (11), en la cual no escondía, al contrario, todas las reuniones que había mantenido con diplomáticos y militares, en las más altas esferas, para conseguir su objetivo de derrocar a Gaddafi.

No contento con reflejar sus andanzas sobre el papel y ante los hermanos de las organizaciones judías de Francia, Henri-Levy también dejó su huella en forma de documental; “Le Serment de Tobrouk” (12). Cien amenos minutos de los cuales Henri-Levy es director, narrador y estrella única. En el documental se incluye la visita que nuestro actor realizó a la Palestina ocupada para entrevistarse con Netanjahu en junio de 2011. Había que rendir cuentas del buen trabajo realizado, a la vez que asegurar en la prensa israelí, que: “el futuro gobierno libio establecería relaciones normales con Israel”. Algo para lo cual el Consejo Nacional de Transición libio todavía no estaba suficientemente maduro (13). Todo lleva su tiempo. Gaddafi aún no había sido asesinado y la entidad sionista nunca ha cosechado gran admiración entre el pueblo libio.

Pasados cinco sangrientos años en suelo libio, suficientemente sufridos por esa misma población que la intervención militar, también la nuestra, pretendía defender, Bernard Henri-Levy, el intelectual sayanim, esa persona que en la terminología del Mossad trabaja desinteresadamente en favor de los intereses de la entidad sionista fuera de Palestina, puede mostrarse orgulloso. Gaddafi ya no está. El país que según el Informe de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas era, hasta 2010, el mejor situado de África en la relación mundial de países (puesto 53), en 2015 ya había caído al puesto 94. Donde había un Estado que garantizaba la sanidad y la educación gratuitas, hoy sólo hay caos y bandas no precisamente “laicas” que se disputan el cadáver. Ni rastro ya de los préstamos sin interés que garantizaba el anterior Estado libio, con unas reservas de divisas reducidas a la mitad y un precio de la harina que se ha quintuplicado (4).

Bernard Henri-Levy

Otro país árabe, rico en recursos y que antaño formó parte del Frente de Rechazo contra la Entidad Sionista ha quedado laminado. Comprensible es la reacción de la actual candidata a la Presidencia de los EEUU, cuando rodeada de sus asesores en un video publicado y fácilmente accesible, declara entre carcajadas propias y risas de la claque: “Llegamos, vimos y murió”, en referencia a Gaddafi. Comprensible que su asesor Sidney Blumenthal no perdiera la ocasión para enviarle un correo (otro más) al saber de la caída de Gaddafi con un texto más propio de la telebasura que de la fineza diplomática:

“En primer lugar, ¡Bravo! Tienes que salir en la TV. Tienes que fijar tu presencia en el relato histórico de este momento” (14). Y salió. Como salió, como no dejó de salir nuestro indiscreto sayanim Bernard Henri-Levy.

Vista la jugada de la mal llamada “Comunidad Internacional” en Libia, ¿Alguien se extraña de que Rusia intente impedir que Siria corra la misma suerte que ha corrido Libia? Las falsedades se repiten, las oficinas de propaganda occidental echan humo y los numerosos Henri-Levy de esta Europa vasalla mueven nuevamente sus hilos. Pero en esta ocasión, por su bien y el nuestro, Siria tiene que vencer.


Fuentes:

(1) Tim Weiner, “CIA , die ganze Geschichte” 5ª edición, octubre 2009, pg.505, Fischer Taschenbuch Verlag.

(2) 12 mayo 1996, programa televisivo de los EEUU “60 minutes”, entrevista a Madeleine Albright.

(3) Victor Ostrovsky, “Geheimakte Mossad”, 6ª edición, febrero 1996, pgs 148-155, Goldmann Verlag (4) www.publications.parliament.uk/pa/cm201617/cmselect/cmfaff/119/119.pdf.

(5) Testimonio ante la Comisión del Prof. George Joffe, experto en Libia del King´s College de Londres (enlace en la pg. 7 del Documento).

(6) The Economist, 24/03/11

(7) “The Christian Science Monitor”, entrevista a Bernard Henri-Levy del 26/03/2011

(8) The Telegraph, 21/03/2011

(9) “Le Figaro”, 20 /11/2011

(10) oumma.com/sioniste-en-libie-quand-le-crif.

(11) “La guerre sans l´aimer” B.H.Levy. Nov. 2011, Ed. Grasset (12) “Le Serment de Tobrouk”, www.france24.com 07/06/2012 (13) www.france24.com 13/06/2011

(14) “Vanity Fair” 05/07/2016

Gaddafi en el momento de su captura, minutos antes de ser ejecutado.
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Gaddafi en el momento de su captura, minutos antes de ser ejecutado.
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