www.survivaldigital.com

La erupción volcánica de Laki en Islandia, la Revolución Francesa y la hambruna del Nilo

La erupción volcánica de Laki en Islandia, la Revolución Francesa y la hambruna del Nilo
Ampliar

En junio de 1783 una tremenda erupción en el sistema volcánico islandés de Grímsvötn, abrió una fisura en la corteza terrestre denominada Laki, de 25 kilómetros de longitud con 130 cráteres diseminados a lo largo de su superficie.

La erupción volcánica de Laki en Islandia, la Revolución Francesa y la hambruna del Nilo
Ampliar
07/ABR/2016
En los ocho meses siguientes desde el inicio del episodio volcánico, Laki expulsó cenizas y gases sulfurosos que alcanzaron altitudes cercanas a 15.000 metros, emitiendo a la atmósfera unos 8 millones de toneladas de ácido fluorhídrico y 120 millones de toneladas de dióxido de azufre.
Con el paso de las semanas, la erupción fue reduciendo su explosividad y aumentando el flujo de lava basáltica. Se estima en más de 14 kilómetros cúbicos la colada de lava expulsada por el conjunto de cráteres, a alturas comprendidas entre los 800 y 1.400 metros.
La erupción de Laki comenzó siendo de tipo freatomagnética, denominación que recibe cuando se produce la interacción del magma con una masa importante de agua, en este caso filtrada desde un glaciar cercano. La contracción térmica resultado del rápido enfriamiento del magma provocó la erupción explosiva y la consiguiente liberación a la atmósfera de gases y cenizas.
Un testigo de los hechos, el pastor de una iglesia de nombre Björk, narraba así el acontecimiento: “entonces enormes bloques de piedra salieron despedidos hasta una altura indescriptible, subían y bajaban, chochando entre ellos haciendo mucho ruido, salían llamas y chorros de arena, humo y gases. Que aterrador resultó ver las manifestaciones de la ira de Dios”.
La fisura del complejo Laki en la actualidad
En Islandia unas 10.000 personas fallecieron como resultado de las condiciones medioambientales que siguieron al episodio volcánico, lo que representaba la quinta parte de la población total de la isla. Los gases tóxicos y las cenizas envenenaron la vegetación y los cultivos, que a su vez mataron al 80% de las ovejas y a más de la mitad de las vacas y caballos. En esta situación, miles de personas no pudieron soportar las condiciones de un invierno especialmente severo –el más riguroso que se recordaba- y murieron principalmente de hambre.
La tragedia quedó grabada de tal manera en la conciencia colectiva de los islandeses que, a día de hoy, sigue actuando de vara de medir de la gravedad de las adversidades que registra el país.
De la misma manera, los fenómenos de origen geológico sucedidos a lo largo de la historia y las específicas condiciones morfológicas de la isla son materia de obligado estudio en las aulas.
La Bruma de Laki
La nube tóxica se desplazó por el norte de Europa. La densa y persistente niebla que el viento no conseguía disipar secaba los campos y las hojas de los árboles, filtrando los rayos del sol y oscureciendo los cielos.
La primera parte del verano de 1783 resultó extremadamente caluroso. Sin embargo, con el paso de las semanas, la ingente cantidad de partículas que el volcán inyectaba a la atmósfera actuaba de efecto pantalla, reduciendo la llegada a la Tierra de la radiación solar y provocando un descenso brusco de la temperatura media de hasta 3ºC.
El 22 de junio la nube de gases llegaba a Reino Unido. Gracias a los registros de las parroquias locales, se ha constatado un aumento del número de fallecidos durante el verano de 1783 estimado en unas 20.000 personas, a las que habría que añadir otras 8.000 más en el invierno ulterior, producto de la dureza invernal y la falta de víveres. Más alejado, en Londres, el periodo veraniego se denominó Verano de Arena, debido a la caída constante de cenizas.
En mayor o menor medida, el equilibrio climático del Hemisferio Norte se vio bruscamente alterado durante varios años, produciéndose cambios en la circulación de las corrientes de aire y perturbaciones en el régimen de temperaturas y precipitaciones. Aunque las consecuencias medioambientales en forma de inundaciones, copiosas nevadas, periodos de intenso calor o de sequía prolongada fueron recogidos en numerosos testimonios por la prensa escrita de la época, pocos las asociaron a la erupción de Laki.
Una de las contadas excepciones la representaba Benjamín Franklin. El considerado padre Fundador de los Estados Unidos e inventor del pararrayos, ya sospechaba a finales de 1784 la relación entre la erupción y las variaciones climáticas, como demuestra la conferencia que pronunció en la Literary and Philosophical Society de Manchester bajo el título de Imaginaciones y conjeturas meteorológicas.
La erupción del Laki y la Revolución francesa
Como hemos visto anteriormente, las grandes erupciones volcánicas se caracterizan por la repentina transformación de las condiciones atmosféricas. Esta fase es seguida de un periodo, en el que los diversos factores climáticos procuran devolver el equilibrio natural al medio. En las primeras etapas de adaptación es frecuente la aparición de fenómenos bruscos, con una acusada inestabilidad climática que puede prolongarse por espacio de varios años.
En este contexto, se especula que la sucesión de periodos de graves sequías, granizadas e intensas heladas que asolaron Francia a partir de 1784 y que culminaron en la demoledora campaña agrícola de 1788 estuviesen relacionadas con este proceso.
Al grave descenso de la producción agraria sobrevino la escasez de alimentos y el aumento de los precios de los artículos de primera necesidad. El segmento social más perjudicado fue el de los campesinos. La vida miserable que arrastraban no les eximió de seguir pagando impuestos al Estado y a las clases privilegiadas: el clero y la nobleza. La aparición de la hambruna generalizaría situaciones de muerte por inanición. El malestar y la tensión acumulada por los campesinos es considerado como uno de los principales factores desencadenantes de la Revolución Francesa de 1789.
La terrible hambruna del valle del Nilo
Los desbordamientos anuales del Nilo fertilizaban las tierras de Egipto y hacían posible la agricultura en sus márgenes.
Los nilómetros eran unas construcciones de la época de los faraones que tenían la finalidad de medir el nivel de las aguas del río Nilo para prever la cantidad y calidad de las cosechas y, en consecuencia, establecer los impuestos correspondientes.
El investigador, naturalista y militar romano Plinio el Viejo escribía en el siglo I de nuestra era sobre la crecida de las aguas del Nilo. «Cuando el ascenso alcanza 12 codos, hay hambre; en 13 hay escasez; 14 trae alegría; 15, seguridad, y 16 abundancia, gozo y placer».
Constantin-François Chassebœuf de La Giraudais, conde de Volney
Volney, escritor, filósofo y orientalista francés relata en su libro, Viaje por Egipto y Siria, publicado en París en 1788 los padecimientos de la población egipcia por la pertinaz sequía. “La crecida anual del Nilo de 1783 no fue suficiente, gran parte de las tierras no pudieron ser sembradas por falta de riego y otra parte tuvo el mismo problema por escasez de semillas. En 1784, el Nilo volvió a no crecer lo necesario y enseguida la penuria llegó a ser insoportable. Mucho antes del fin de noviembre la hambruna se había llevado en el Cairo casi tanta gente como una plaga”.
En recientes estudios llevados a cabo por investigadores de las Universidades de New Jersey y Edimburgo, en colaboración con el Instituto Goddard de Estudios Espaciales (GISS por sus iniciales en inglés) dependiente de la NASA, se apunta la posibilidad de que el evento de Laki estuviese relacionado con la sequía del valle del Nilo. Utilizando patrones climatológicos, se ha desarrollado un modelo en cascada que muestra la progresión de los efectos de la erupción del volcán islandés.
La alteración del fenómeno del monzón habría modificado el régimen de lluvias que precipita en las altas montañas de Etiopía, reduciendo la aportación de las enormes cantidades de agua al Nilo Azul, responsable principal de las crecidas periódicas del río a su paso por Egipto y, por consiguiente, del aporte de los limos que fertilizan el valle del Nilo para la agricultura.
Diversos autores estiman que, en el periodo de cinco años posterior a junio de 1783, hasta seis millones de personas pudieron morir por causas asociadas a la erupción volcánica de los cráteres de Laki en diversas partes del mundo.

Índice de Explosividad Volcánica, IEV

Como su propio nombre indica, el IEV es un indicador de la explosividad de las erupciones volcánicas, que se utiliza para realizar la estimación de la energía liberada.

La escala numérica se divide en valores de 0 a 8, teniendo el grado superior 10 veces la magnitud del inmediato anterior.

Los factores principales que determinan el nivel de explosividad son:

Volumen de materiales sólidos expulsados por el volcán: piroclastos, lava y cenizas.

Altura alcanzada por la nube eruptiva.

Inyección en las capas de la atmósfera de los fragmentos expulsados.

Duración de la erupción.

La erupción de Laki se considerada por los vulcanólogos de índice VEI 6, descrita como colosal, de las que se registran en la Tierra con una periodicidad de un evento cada 100 años.

Los otros dos niveles superiores son:

Grado 7, supercolosal con una periodicidad de un evento cada 1.000 años.

Grado 8, megacolosal, de impacto planetario, con una periodicidad de un evento cada 10.000 años.


La erupción volcánica de Laki en Islandia, la Revolución Francesa y la hambruna del Nilo
Ampliar
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (51)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de Desarrollo Editmaker

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.